—Bien.
—Y yo, que como camarero de nuestro amo estoy aguardando su venida para prestarle los servicios de mi cargo.
—Es inútil: yo le serviré.
—Mirad que soy su camarero.
—Le serviré, os he dicho; sé sus intenciones.
—En ese caso me retiraré.
—Es lo mejor que podéis hacer.
—Buenas noches, señor Ferrus.
—Esperad... decidme antes, ¿no habría algún paje cerca, por si fuese necesario después servirse de una tercera persona?...
—Jaime ha quedado conmigo: está en la antecámara.