Comedia nueva original, escrita en diversos metros

Después de largos años de asedio, por fin ha tomado una empresa posesión de los teatros de esta corte. No queremos decir con esto que el ayuntamiento, que primero los ha dirigido, no sacase de ellos el partido posible, ni que... nosotros nunca queremos decir más de lo que decimos; antes si por algo pecamos, es precisamente por decir lo que queremos. En este particular nos bastará contar un caso, que alude á la circunstancia de haber tenido primero los teatros la municipalidad y de tenerlos después una empresa particular, y le contaremos sin perjuicio del respeto que tenemos al excelentísimo ayuntamiento.

Había en Barcelona, no podemos decir en qué época, un corregidor zeloso del bien público, si los ha habido nunca: y debía haber al mismo tiempo que corregidor bailes de máscaras, porque se acercaba el carnaval. Sabido es que en Barcelona nunca han sido cosa mala las máscaras como en Madrid. Era el tal corregidor hombre sagaz, y había notado en el año precedente, primero de su corregimiento, que el primer baile de máscaras no había sido concurrido ni brillante. Llevado, pues, del deseo de que la cosa empezase bien, publicó en un bando la siguiente cláusula:

«Habiendo notado la autoridad en el año anterior que el primer baile que en la Lonja de esta ciudad se dió no fué brillante ni concurrido, y no habiendo podido averiguar la causa de esta extrañeza, ha dispuesto que este año se empiece por el segundo baile».

He aquí precisamente lo que encontramos nosotros aplicable al presente caso. Nada hubiera quedado que desear en materia de teatros, si se hubiera empezado hace muchos años por el segundo baile, es decir, por tener una empresa particular los teatros de esta corte.

Antes de ayer se dió principio á la nueva temporada cómica: es fuerza confesar que es grande el zelo de la nueva empresa. Dejando aparte la compañía de ópera que nos tiene preparada, acerca de la cual guardaremos silencio hasta que la experiencia, confirmando nuestras buenas esperanzas, autorice nuestros elogios, diremos desde luego que empezar dando al público en el primer día tres novedades dramáticas en sólo dos teatros, es empezar con muy buenos auspicios.

El autor de la novedad del Príncipe ha callado en los anuncios su nombre, y nosotros no nos creemos con derecho á revelarle. Parécenos sin embargo modestia inútil y excusada diligencia, porque su fácil versificación y el género á que pertenece, y el sello que lleva, delatan al autor aun á los menos inteligentes, á los menos versados y peritos en el arte, con sólo que hayan oído otra producción del mismo ingenio.

El título nos anunciaba un argumento nuevo original, interesante. El amor mal entendido de una madre que establece una casa de huéspedes con el interesado objeto de hallar un novio para su hija, exponiéndola á los riesgos y humillaciones de tan falsa posición, bien merecía una comedia, y una comedia buena sobre todo. Don Donato, hombre original, viejo y achacoso, pero rico y pagado, no de su persona precisamente, sino de su dinero, es uno de los huéspedes de doña Liboria y de los amantes de su hija Concha; hombre intolerable, porque tiene dinero, que insulta, porque paga, y que reconvenido de grosero responde: «Hago bien, tengo dinero». Este rasgo maestro es la mejor definición que se puede hacer de su carácter. Don Fulgencio, fatuo, con sus puntas de caballero de industria, es otro huésped y otro amante; es la manía de éste la de rozarse con grandes, la de vender protección, la de comer en todas partes; en una palabra, el convidado de piedra. Don Manuel, pasante de abogado, pobre, pero honrado, á pesar de Cervantes, que dice en cierta parte: Si es que el pobre puede ser honrado, es el tercer huésped y pretendiente; éste es modesto, vive de dar lecciones, y tan corto de genio como de recursos metálicos, que lo uno suele ir en el mundo con lo otro. Concha es una niña á quien el viejo rico fastidia, á quien el fatuo incomoda, y que sólo del pasante se enamora. Doña Liboria es una madre cariñosa, viuda, con pocos recursos, que llora la ausencia de un hijo, de quien no tiene noticia: busca novio para su niña, y en esto está dicho todo, y aun disculpado su carácter. El primer acto es un acto por consiguiente de exposición en que harto tenía que hacer el poeta con presentar al público la galería de caracteres sobre que gira su obra, y en honor de la verdad no podemos menos de decir que están esos caracteres pintados con pincel maestro. Éste es el género de este autor, y es difícil en él aventajarle. En el segundo acto, la niña, hostigada por doña Liboria, se ve precisada á elegir, y anduviera mal su amor y el de don Manuel si no llegara un nuevo huésped joven, rico, que viene de América después de largos años de expatriación. Tiene su familia en Madrid, pero no dando con ella se ve precisado á tomar habitación en una casa de huéspedes hasta encontrarla. Fácilmente conoce el que haya visto comedias que el recién llegado don Diego es el hijo de doña Liboria: ha hecho fortuna en América, lo cual es de tradición: sabedor del estado de su familia, él se encarga de despedir á los recién pretendientes: consíguelo en el tercer acto desengañando á doña Liboria acerca de la fatuidad de don Fulgencio, de la loca pretensión del viejo, y de los riesgos á que ha expuesto á su hija. El honrado y modesto don Manuel es finalmente el premiado con la mano de Conchita, después de haberse atrevido los dos enamorados á declararse su tierno pensamiento en unas endechas, harto más poéticas de lo que la verosimilitud exigía.

Por este sucinto análisis habrá comprendido el lector el argumento y plan de la comedia. Con respecto al juicio crítico de ella, confesamos ingenuamente que cuando la amistad nos une con el autor de una comedia, tememos que este sentimiento nos ofusque, y así nos oculte los defectos como nos abulte las bellezas. Sólo diremos, con respecto á Un novio para la niña, que tanto las bellezas como los defectos que quiera encontrar en ella el crítico severo son los mismos que en las más obras de su autor se encuentran. ¿Ofenderíamos la amistad si aconsejásemos al autor que meditase algún tanto más sus planes? Éste es generalmente el escollo de la abundancia de genio. El autor se deja llevar de su facilidad: en ésta no le conocemos rival, así como tampoco en el chiste y la agudeza: sus descripciones, así de los bailes como de las casas de huéspedes, son un espejo fiel de las costumbres: su diálogo está lleno de gracias y de viveza. Su versificación es un modelo; pero donde se prueba cuánto puede el ingenio es en una circunstancia notable. Tres comedias consecutivas nos ha dado este poeta, en las cuales ha sabido hacer tres obras diferentes, repitiéndose á sí mismo. Una joven sencilla y virtuosa y tres pretendientes de diversos caracteres forman el argumento de todas ellas. Otro se hubiera visto apurado para hacer de él una sola comedia. El autor de Un novio para la niña ha hecho sin embargo con él tres dramas diferentes.

EL HOMBRE PONE Y DIOS DISPONE