Las bibliotecas nacionales archivan también los documentos electrónicos y los sitios web. En la Biblioteca nacional de Francia (BnF) por ejemplo, han decidido recoger y archivar los sitios web cuyo nombre de dominio termine con ".fr", y también los sitios dedicados a las campañas electorales, primero para las elecciones presidenciales de 2002, luego para las legislativas de 2004, y finalmente para las presidenciales y las legislativas de 2007, recogiendo y archivando los sitios institucionales, los sitios y blogs oficiales de los candidatos, los sitios de los medios de comunicación, los sitios de asociaciones y de sindicatos, etc.
Las bibliotecas públicas tampoco parecen estar en peligro de desaparecer. A pesar de la curiosidad suscitada por el libro digital, los lectores aseguran con frecuencia en diversos sondeos que no están dispuestos a leer a Zola o a Proust en pantalla. Una cuestión de generación, quizás. Tal vez los niños que hayan aprendido a leer directamente en la pantalla no tengan ningún problema a la hora de leer libros online en soportes electrónicos de todo tipo.
Si bien las bibliotecas nacionales y las bibliotecas públicas siguen siendo útiles, la situación de las bibliotecas especializadas es diferente. En muchos campos del saber, en los que prevalece la información más reciente, se plantean actualmente preguntas sobre la necesidad de colocar documentos impresos en unos estantes, cuando es mucho más práctico reunir, almacenar, archivar, organizar, catalogar y difundir documentos electrónicos, e imprimirlos sólo a petición de los usuarios.
Pierre Perroud, fundador de la biblioteca digital Athena, insiste en la complementariedad del texto electrónico y del libro impreso. En su opinión, "los textos electrónicos representan una incitación a la lectura y una participación atrayente a la difusión de la cultura", especialmente respecto al estudio y a la búsqueda textual. Estos textos "son un buen complemento del libro impreso – aunque este último sea irremplazable si se trata de leerlo". Aunque esté convencido de la utilidad del texto electrónico, sigue pensando que el libro impreso aún es "un compañero misteriosamente sagrado hacia el cual convergen símbolos profundos: uno puede apretarlo en su mano, estrecharlo contra su pecho, mirarlo con admiración; su pequeñez nos tranquiliza tanto como nos impresiona su contenido; su fragilidad esconde una densidad que nos tiene fascinados; como el hombre, teme el agua y el fuego, pero es capaz de mantener al pensamiento humano a salvo del Tiempo." (fragmento de la revista Informatique-Informations, Ginebra, febrero de 1997)
= Bibliotecas digitales
La difusión del libro, un objetivo perseguido por varias generaciones de bibliotecarios, por fin se hace posible a gran escala, ya que hoy en día éste puede ser convertido en archivo electrónico y transitar vía el internet para alcanzar a un público que no siempre tiene acceso a una biblioteca tradicional.
Si bien algunas bibliotecas digitales nacen directamente en la web, la mayoría emana de bibliotecas tradicionales. En 1996, la Biblioteca municipal de Lisieux (Normandía, Francia) lanza la Biblioteca electrónica de Lisieux, que ofrece las versiones digitales de obras literarias cortas elegidas entre las colecciones municipales. En 1997, la Biblioteca nacional de Francia (BnF) crea el sitio web Gallica, que propone, en una primera fase, imágenes y textos del siglo XIX en lengua francesa, con una selección de 3.000 libros y una muestra de la futura iconoteca digital. En 1998, la Biblioteca municipal de Lyon pone las iluminaciones y miniaturas de 200 manuscritos e incunables a disposición de todos en su sitio web. Y estos no son más que tres ejemplos entre otros tantos.
Las bibliotecas digitales permiten a un amplio público tener acceso a documentos difíciles de consultar en fondos antiguos, locales, regionales o especializados, poco accesibles por diversos motivos: afán de conservar documentos raros y frágiles, horarios, formularios múltiples para rellenar, plazos de comunicación largos, penuria de personal.
Gracias a la biblioteca digital, la biblioteca tradicional por fin puede reconciliar dos objetivos que hasta ahora no eran compatibles, a saber la conservación de los documentos y la comunicación de los mismos. De esta manera nadie saca el documento del estante más que en una sola ocasión: para escanearlo, y además el público por fin puede acceder a su contenido. Si el lector desea aún consultar el documento original, quedará libre de hacerlo, pero sabrá de antemano si el contenido le interesa o no, gracias al "hojeo" previo en pantalla.
Según la British Library, pionera en este campo, la biblioteca digital puede definirse como una entidad que emana del uso de las tecnologías digitales para adquirir, almacenar, preservar y difundir documentos. O bien se publican estos documentos directamente bajo forma digital, o bien se digitalizan a partir de un documento impreso, audiovisual o generado a partir de otro soporte. Se considera que una colección digital constituye una biblioteca digital cuando cumpla con los cuatro criterios siguientes: 1) puede ser creada y/o producida en distintos lugares, pero se accede a ella en calidad de entidad única; 2) debe estar organizada e indexada de tal manera que el acceso al servidor resulte lo más fácil posible; 3) se debe almacenar y administrar de manera que pueda perdurar bastante tiempo tras su creación; 4) debe encontrar un equilibrio entre el respeto de los derechos de autor y las exigencias universitarias.