Refran es muy antiguo y muy usado,
Que el malo que tras otro sucediere
Hará bueno al que fuere ya pasado.
Al que el presente canto bien leyere
Seràle aquesto bien manifestado:
Que si notarlo un poco bien quisiere,
Verá que Juan Ortiz era un bendito,
Mendieta, su sobrino, muy maldito.
Al tiempo que la muerte le apretaba
A Juan Ortiz, le oí que conocia
Que el pueblo su salud no deseaba:
"Yo soy malo, mas cierto que algun dia
Me haga alguno bueno." Si rogaba
La vieja por aquel que mal regía
En Roma, si á Mendieta conociera,
Mentarlo un solo punto no quisiera.[79]
Subido ya en la cumbre de su gloria,
De toda cosa buena descuidado,
Juicio, voluntad, y la memoria,
En solas sus pasiones ha fundado.
Y aunque esto demandaba nueva historia,
Irá tan solamente aquí cifrado,
Que no quiero contar por las parejas
Sus cosas, que ofendiera las orejas.
Comienza, pues, Mendieta de cegarse,
Vencido de zelillos y locura,
De malos procurando acompañarse,
Hallando en ellos corte á su hechura.
No osaba de los buenos confiarse,
Por ser de diferente compostura:
A cuatro caballeros aprisiona,
Y con mil vituperios los baldona.
En grillos y colleras los ponía,
Y así los desterró por malhechores:
Y el pobre no conoce que se vía
Que todo lo causaban sus amores.
A cumplir su destierro los envía,
Mas oye Jesu-Cristo sus clamores:
Volvieron del camino, y así presos
Estan en tanto que hay nuevos sucesos.
Vicencio á esta sazon, dicen, dijera:
"Mal hace de prender Mendieta gentes
Sin culpa, y sin razon." Mas quien lo oyera
Denuncia con palabras diferentes.
Al fin vino la cosa en tal manera
Que encarta á los que estaban inocentes.
Vencido del tormento, y engañado,
Por dó fué luego á muerte condenado.
Al tiempo que en la horca esta subido,
De su conciencia y alma temeroso,
Pública como en todo habia mentido
Por medio del tormento riguroso,
A voces testimonio fué pedido
De aquello que allí dice, y el furioso
Verdugo le colgó, que está compuesto
Que hiciese el oficio muy de presto.
Garay, que en Santa-Fé está teniente,
Con la muerte de nuestro Adelantado
Al Perú se salió con Pedro Puente,
Aunque Abrego impedirlo ha procurado.
A los Charcas llegando incontinente,
Habiendo su negocio relatado,
Procuran Doña Juana se casase
Con persona que bien les gobernase.[80]

Por suerte á Doña Juana le cabía
El Licenciado Vera por marido:
Por Oidor en los Charcas residía;
La misma plaza en Chile hubo tenido;
Y en su tiempo el Arauco le temía,
Que á vueltas de las letras ha servido
A nuestro gran Filipo con la espada,
Andando tras la gente rebelada.
D. Francisco el Virrey, dicen, quisiera
Casar á Doña Juana de su mano:
A Garay le escribió que á Lima fuera.
Las cartas del Virrey fueron en vano,
Que el Licenciado Torres y de Vera
Habia madrugado mas temprano;
A Juan Garay hace su teniente,
Y vuélvele á enviar muy brevemente.
Matienzo en este tiempo presidía,
Y tiene del Virrey ya mandamiento
Contra Garay, que á priesa residía,
Temiendose de algun impedimento.
Tras él el Presidente al punto envía
A Valero, que sale como un viento,
Y con las provisiones le requiere,
Mas él, obedecerlas nunca quiere.
El buen Torres de Vera como entiende
Aquesto, determina de partirse
Al Rio de la Plata, que pretende
Del Virrey y su ira escabullirse.
Tras él saliendo Céspedes, le prende,
Que no le aprovechò con priesa el irse.
Triunfó Loyola de él con mucha estima,
Y luego le despacha para Lima.
D. Francisco le tuvo aprisionado,
En él ejecutando puras sañas;
A cabo ya de dias se ha librado,
Que el tiempo vemos cura mil marañas.
A su plaza despues que se ha tornado,
A cabo ya de dias tuvo mañas;
Como se vuelve á estar, aunque le quita
D. Diego cuando vuelve á la visita.[81]
Mendieta pensará ya que le olvido,
Por ver que en el Perú ando olvidado;
Habiéndole yo mismo prometido
Decir aquí cuan mal se ha gobernado.
Andaba el sin ventura tan metido,
Y en fuego del amor tan abrasado,
Que las brasas de amor, y vivo fuego
Le tienen convertido en niño ciego.
Antiguos, que á Cupido celebrastes
Por Dios de amor, con arco y con saeta,
Y niño rapacejo le pintastes,
Con venda que la vista bien le aprieta;
No dudo sino que nos acordastes
Que habia de nacer este Mendieta:
Que si es ciego el amor y sin sentido,
No teneis que buscar otro Cupido.
Aunque á muchas mugeres requestaba,
Y á su gusto y mandado las tenia,
A una mas que á todas él amaba,
Que en hermosura á todas excedia.
Por esta de muy muchos se celaba,
Por esta á todo el mundo aborrecia,
Por esta tuvo orígen su locura,
Por esta feneció su desventura.
Por esta muchas fiestas se hicieron,
Por esta se jugó sortija y cañas,
Por esta toros bravos se corrieron,
Por esta se hicieron mil hazañas:
Por esta algunos justos padecieron,
Por esta vide yo muchas marañas,
Por esta andaba el pueblo alborotado,
Por esta se han los cuatro desterrado.

Por esta, una muger que fué nacida
En el Brasil, muy vieja, con gran saña
Me dijo "Ay, mi señor, como perdida
En otro tiempo, dice, que fué España
Por la Cava, esta tierra dolorida
Por está lo será; y pues que daña
La tierra tanto esta, procuremos
Que salga presto della y sus extremos."
Y aunque al Mendieta á veces sucedian
Disgustos, pesadumbres á manojos,
Y á él por esta causa aborrecian
Algunos, y le daban mil enojos,
Muy poco aquestas cosas le empecian,
Que mas amaba aquesta que á sus ojos.
Y así buen rostro á todos males hace,
Y en su gusto á su gusto satisface.
En una noche un page hubo hallado
Un papel bien cerrado, en que decia,
Que mal á todas gentes ha tratado,
Y agravia con molestia en demasia;
Y que no siendo en esto moderado,
El pago le dará Dios algun dia:
El pobre con enojo loco y ciego
Publica lo que dice el papel luego.
Comienza de hacer informaciones,
Y prende á los que estaban inocentes,
Y con algunas falsas relaciones,
Con prision atormenta á muchas gentes.
No sale con sus vanas pretensiones,
Aunque pone calor y grandes dientes;
Y así confuso deja la pesquisa
Del libello, diciendo que era risa.
Tambien prendió á una dama, porque habia
De la cárcel sacado á su marido,
Con crudo corazon y tirania,
En muy brava prision la hubo metido.
La triste con dolor así decia,
Su rostro de llorar muy consumido:
"Adonde estás, Filipo ¡Ay desdichada!
Doliéraste de verme maltratada."
"Sabráslo, pues, Rey mio, si plugiere
Al alto Rey de reyes, y sabido
El castigo harás que mereciere,
Quien con tanta crudeza me ha oprimido."—
"En tanto yo haré lo que quisiere,
Mendieta la responde embravecido,
Y vos prestad los pies á aquestos grillos,
Que habeis, por mas que os pese, de sufrillos."
Su marido de aquesta preso estaba,
Con dos pares de grillos y cadena,
Y aunque el Mendieta culpas publicaba,
La mayor no pesaba como avena:
Y como la muger se recelaba,
El alma de temor y miedo llena,
Al marido á sus cuestas ha sacado,
Y en la iglesia y sagrado lo ha encerrado.
A personas muy muchas oprimia,
A viejos Españoles muy honrados,
Que á los mozos traviesos consentia
En sus vicios andar muy desmandados.
Con esto y otras cosas que hacia,
Estaban los juicios ofuscados
De todos, el remedio no esperando,
Si no morir con pena suspirando.
Andaba la Asumpcion tan temerosa,
Que padres á los hijos no hablaban,
La muger del marido recelosa,
Las madres de las hijas se guardaban.
Justicia del Señor muy rigurosa,
Las cosas de Mendieta figuraban
Castigo en recompensa de pecados,
De los presentes vivos y pasados.
Los Españoles viejos muy ancianos,
Con su cabello blanco y barbas canas,
A la importuna muerte ya cercanos,
Cansados de sufrir cosas tiranas,
Echaban á monton juicios vanos,
Y fingiendo esperanzas muy cercanas,
Formaban el remedio deseado,
Y así crecia la pena y el cuidado.
Los clérigos y frailes muy á prisa
Avisos para España despachaban.
Mendieta en esto pone gran pesquisa,
Las cartas en zapatos despachaban:
El falso mensagero se lo avisa,
Y como en los zapatos se hallaban,
En callar se resumen suspirando,
Que el hablar se juzgaba por nefando.
En esto á Santa Fé quiso bajarse
Con vana presumpcion y bizarria,
Que es víspera cercana de acabarse
Sus quiméras y loca fantasía.
De mucha gente hizo acompañarse,
Que á fuerza de su grado le seguia,
Apenas, como dicen, ha llegado,
Y vése de prisiones rodeado.
La causa no pensada cierto ha sido,
Que no pudo hallarse fundamento,
Sino solo sentir como ha venido
De arriba del supremo firmamento.
Con Francisco de Sierra hubo tenido
Palabras, atencion pido á mi cuento,
Que no fué aquesta cosa fabulosa,
Antes la juzgo yo por milagrosa.
Aqueste Sierra era muy honrado,
Y de los naturales muy querido,
Hombre de presumpcion y muy soldado,
Por donde era de todos muy temido.
Despues que las palabras han pasado,
Mendieta le llamó, mas no ha querido
A su mando ir, que se recela,
Que Mendieta le llama con cautela.
A la iglesia se vá huyendo luego,
Que al fin bien vale mas salto de mata,
Que no de los amigos buenos ruego,
Segun el comun dicho dice y trata.
Mendieta sale al punto como fuego,
Y cuando nuestro Sierra no se cata,
De la iglesia le sacan sin recelo,
Sin dejarle llegar los pies al suelo.
Como sacan del templo consagrado
A Sierra con aquella pesadumbre,
El pueblo todo junto alborotado
Acude, y de mancebos muchedumbre.
Salió gritando á voces un soldado
Sin saber lo que es; que de costumbre
Tenia de gritar; sueltan á Sierra,
Y á Mendieta la gente toda afierra.
El pobre desque vió como aferraba
La chusma de èl, procura escabullirse
Con una poca gente que llevaba,
Que con él determina de huirse.
Como Sierra sintió que le dejaba,
Apenas acabó de desasirse,
Cuando con furia echó mano á la espada,
La chusma le acudió de mano armada.
Juntóse el pueblo todo con él luego,
Y viendo que Mendieta fué huyendo,
Cercáronle la casa, y pegar fuego
Querian; mas sintiendo el gran estruendo
Mendieta, con temor pide á gran ruego
Le dejen: la canalla le está oyendo,
Que dice, "por amor de Jesu-Cristo
Cesad, que de mandar yo me desisto."
El pueblo sosegó de aquel bullicio,
Y piden que dé fé un escribano
Como Mendieta cede de su oficio
Que aquesto dicen ser á todo sano.
Nuestro Rey lo tendrá por gran servicio;
El pueblo dice que este es un tirano;
Hágase aquí de todo buen proceso,
Y vaya este traidor á España preso.
Con él se habian, huyendo, retraido
Galiano de Meira, el bullicioso,
Y Ochoa vizcaino, su querido;
No sè cual de ellos era mas vicioso.
El pueblo con instancia le ha pedido
Que si quiere tener algun reposo
Aquestos eche fuera de la casa,
Sino que le harán en breve brasa.
Su perdicion el pobre conocida,
Hablándoles está de esta manera:
"Muy bien sabeis, amigos, por la vida
Se ha de aventurar cosa cualquiera:
Salid, porque pasada esta corrida,
Y vuelto yo á me ver en talanquera,
Yo os juro que de aquestas opresiones
Muy largo vengareis los corazones.
Salieron, que el salir era forzado:
Los alcaldes los prenden. A Mendieta
Dejáronle salir acompañado
De guardas, porque temen no acometa
Hacer apellidando mal recado,
Que alguna gente viene, aunque secreta,
Que le puede ayudar; mas el famoso
De Tebas, contra dos no es provechoso.
Con las guardas salía á pasearse
Al campo, por tomar algun consuelo:
No deja con lamentos de quejarse
De su triste ventura, y crudo duelo.
"¡Habrá algun tiempo, dice, de acabarse
Mi pena, mi dolor y desconsuelo!
Tendrán cabo mis males algun dia,
Pues lo tuvo mi gozo, y mi alegría!"
¡A que duro diamante no ablandára!
¡A que leon cruel no conmoviera!
¡A que hircana tigre no amansára!
¡A que pecho mortal no enterneciera,
Si el principio y el fin considerára
De aqueste sin ventura, su quimera!
Aquel verle en su trono colocado,
Y ahora por el suelo derrocado.
Maldita seas, Fortuna, loca, insana,
Ingrata, desleal y fementida,
Cruel, injusta, pérfida, profana,
Invida, desleal, desconocida,
Traidora, sin verdad, perra, tirana;
Mudable, sin compas, descomedida;
Seguid de la Señora sus preceptos
Que mas tiene de aquestos epitetos.
Anduvo, pues, el triste y afligido
Mendieta, algunos dias de esta suerte,
Confuso, sin favor, aborrecido,
Y aun temeroso mucho de la muerte.
En esto su proceso concluido,
Echáronle en prision segura y fuerte,
Con fin de despacharle preso á España:
Y oid de aqueste hecho una maraña.
Despáchanle con gente y marineros
En una muy hermosa caravela:
El alcalde Espinosa con mil fieros,
Con su gente le hace centinela:
Sin pasar veinte dias bien enteros
A San Gabriel llegaron, porque vuela
La nave, como un vivo pajarito,
Tambien con Espinosa su barquito.
Espinosa se vuelve désque habia
Llegado con Mendieta á aquel parage;
Su gente le ha rogado convenia,
Que un poco retorciese su viage,
Y que á San Salvador lleve la via:
Hicièronlo: Mendieta con corage
Bajaba por el rio suspirando,
Y á Dios venganza de esto demandando.
Garay, que del Perú viene huyendo,
Habiéndole Valero con presteza
Seguido, y estorbarle pretendiendo
La entrada, al Argentino sin pereza
Camina: mas Valero le siguiendo,
Sentido ha sido dél. ¡Cuanta tristeza
El pobre de Valero ha recibido,
Por ver que de Garay fuera sentido!
Valero una jornada atras camina,
Garay envia por él con tres soldados.
Preso, delante dél se determina
De un árbol le colgar; apiadados
Los que con él están, de aquella ruina,
Y de aquellos negocios mal guiados,
Rogaron á Garay le perdonase,
Y vivo por entonces le dejase.
La vida le concede muy rogado,
Aunque muerte civil allí le diera,
Habiéndole de boca deshonrado
Que mucho mas, decia, lo sintiera
Que haberle dado muerte y ahorcado.
Aquesto á mí Valero me digera,
Tambien Garay del hecho se jactaba,
Y en la Asumpcion á mí me lo contaba.
Dejóle allí llorando su ventura,
Y para que no pueda ir adelante
La cosa asegurar así procura.
Arrebata un agudo pujavante,
Y jurando cumplió luego la jura.
Despálmale la mula en un instante;
La mula con dolor está gimiendo,
Y Garay con los suyos vá riendo.
Allega á Tucuman de mano armada:
El Abrego que estaba gobernando,
Nunca supo de aquesta melonada,
Pasóse en breve á priesa caminando:
Que si la cosa fuera revelada,
El Abrego papeles ordenando,
Al Perú á Garay preso enviára,
De que el Virrey muy mucho se holgára.
Aunque es verdad Garay se defendiera
Y así con sus soldados lo ha tratado;
Con todo, yo bien creo no pudiera,
Que habia de quedar muerto ó ligado.
A cencerros tapados sale fuera,
Y con razon se juzga bien librado:
A Santa-Fé endereza su camino;
Valero á Tucuman en esto vino.
De lo pasado dando larga cuenta
Al Abrego, que estaba arrepentido,
Con ansias y dolor casi revienta,
Perdiendo la memoria y el sentido.
Por escrito muy largo, bien lo asienta,
Y á los Charcas el caso ha referido,
A dò Matienzo en breve ha despachado
Y al Virrey el negocio ha recontado.
En gran manera siente la huida
De Garay el Virrey; y se sonaba
Que corriera peligro de la vida
Si el Virrey le cogiera, y procuraba
Vengar la desverguenza cometida,
Que por tal, se decia, la juzgaba:
Que quieren los señores, segun veo,
Los sirvan á medida del deseo.
Garay á Santa-Fé llegó contento,
Y en breve á la Asumpcion ha procurado
Subir á remo y vela con el viento;
Salió de mucha gente acompañado:
Que esto de estar un hombre en grande asiento,
Y pròspera fortuna colocado,
Aumenta los amigos, y los criados;
Los pobres luego son desamparados.
Camina el rio arriba diligente,
Que fué muy ayudado de les vientos,
Y así bien se vencía la corriente,
Por dó se satisfacen sus intentos.
La ciudad le recibe incontinente,
Y algun tiempo estuvieron muy contentos:
Mas presto de otra suerte sucedía,
Que no puede durar el alegria.
Mendieta, que bajaba navegando,
Antes de salir al mar ha procurado
Tomar tierra, en la gente confiando
Que tiene el postrer pueblo allí poblado.
Por bajo Santa Fé vá atravesando,
Por medio de la tierra ya llegado;
Quirós, que allí mandaba, le recibe,
Mas luego al Espinosa se lo exhibe.
Espinosa le vuelve con presteza
A embarcar desde allí en la caravela;
El triste de Mendieta con tristeza,
En demanda de España dá la vela:
El Piloto, que fia en su destreza,
Con muy grande esperanza le consuela
Diciendo, que darán en San Vicente,
De á dó podrá volver con fuerza y gente.
Con temporal deshecho, ó de su grado
La costa del Brasil luego tomaron,
Y habiendo todos ya desembarcado
En el Rio Janeiro dó aportaron,
Mendieta su negocio recontado,
Los Lusitanos todos le ayudaron:
Determina volver, y fué de suerte,
Que de ello no sacó menos que muerte.
Rehechos, pues, de pocos adherentes,
Salieron del Brasil en su navío,
Al Ibiaza llegaron diligentes,
Con vana presumpcion y desvario.
Juicios, parecéres diferentes,
Dividen todo el reino y señorio;
Pues esto fué la causa feneciese
Mendieta, y su soberbia pereciese.
Así como tomaron puerto aína,
Mendieta en tierra salta, procurando
A todos maltratar con su maligna
Y brava condicion tiranizando.
La gente comarcana allí, y vecina,
De ver su crueldad está temblando,
Y los que con él vienen lo aborrecen,
Que sus cosas y hechos lo merecen.
Habíase con él desembarcado
Alguna de la gente que venia
En el navío á vueltas: un soldado,
Por no sé que temor, de él se huia:
Por engaño y palabras ya tornado,
En dos partes por medio le partia,
Y cuelga la mitad con la cabeza
En un palo, y en otro la otra pieza.
El piloto mayor, y marineros
Al viento dan las velas, temerosos
De ver aquestos locos desafueros,
Y al Paraná se vienen recelosos.
Dejáronle con siete compañeros,
Entre indios bautizados y amorosos.
En el navío dando vela al viento,
A Santa-Fé llegaron á contento.
Garay, que en la Asumpcion estaba, arruina
A todos por el suelo, sin derecho
Guardar, si no lo que él solo imagina
Que puede convenir á su provecho:
Y con una soberbia cruel, maligna
Encumbra su negocio hasta el techo,
Y pobre del que él hiere con su mano,
Que no hay pollo á quien hiera así el milano.
En esto se acordó hacer conquista
Al Nuara, que es indio muy mentado;
Hizo de los soldados una lista,
Y al pié de ciento treinta se han juntado.
Garay con mucha priesa pues se alista,
Que piensa en la conquista ser medrado;
Y el fin que se publica es, hacer guerra
Al indio levantado por la tierra.
Los indios Guaraníes rebelados
No acuden á servir como solian,
Y siendo, como son, ya bautizados
En ritos y abluciones se metian.
Serán aquestos cuentos relatados
En su lugar, y cosas que hacian:
Con este calor salen, pues, ligeros
Garay, y ciento treinta arcabuceros:
El rio arriba yendo navegando
Al Jejuí, muy hondo, rio pasaron;
Despues la tierra adentro van cortando,
Y al Ipaneme grande atravesaron.
En luengo dél arriba caminando,
A la Fuente de Lirios allegaron,
Dó nace el Ipané tan afamado,
A quien el indio llama Desdichado.
El piloto mayor con el navío,
Llegando á Santa Fé, salió gozoso:
Alaban los de allí su desvario,
Diciéndole que ha sido venturoso.
Mendieta quedó allá sin el navío;
Dó presto feneció, triste y lloroso:
Estotros placenteros con contento
De Santa Fé salieron con buen viento.
A la Asumpcion llegaron victoriosos,
Pensando que hicieron grande hazaña,
A donde los recibe muy gozosos,
Como si vueltos fueran ya de España.
En referir su cuento estan dudosos,
Que no saben cual cosa es buena ó daña;
Mas poco les costó, que es cosa usada
En las Indias costar lo malo nada.
El bueno allá padece cruda pena,
Y siempre le vereis andar corrido,
Y tiénelo á ventura, y dicha buena
Estarse en su rincon solo metido.
Al malo, mal suceso no le pena,
Que si hoy dos mil desastres le han venido,
Mañana le vereis con triunfo y gloria,
Perdida de sus males la memoria.
La causa de este mal es el anchura,
Y libertad tan grande permitida,
Que vemos una grande desventura,
Que la muy baja gente es tan tenida,
Como la que es mas noble de natura.
Es esta cosa allá tan conocida,
Que el zapatero vil y el calcetero
Se iguala con el noble caballero.
Preguntó un caballero Trugillano,
Llamado Luis de Chaves, ceceoso,
A Hernando Pizarro, cuyo hermano
Vencido fué de Gasca, el gran mañoso:
Que si allà en el Perú, al que es villano
Y al que es hidalgo y hombre generoso,
Les daban sus medidas bien cabales;
Pizarro respondió, que eran iguales.
Buen siglo, dijo el Chaves: allá tenga
En el Cielo mi padre, que ha dejado
Hacienda en esta tierra; allá se avenga
Aquel que por la plata allá ha pasado;
Que en mas estimo yo se desavenga
Conmigo aquel que en sangre no ha igualado;
Que la plata con esas confesiones
No es para quien tiene presumpciones.
Dejemos esto ahora, y revolvamos
A Garay, que se siente con pujanza:
Y porque por extenso lo digamos,
Hagamos aquí fin de aquesta estanza.
Y mas que en la siguiente recontamos
Del furioso arcabuz y de la lanza,
Conviene cosas nuevas y de espanto
Comenzar á contar en nuevo canto.

————————————

CANTO VIGESIMO.

Cuéntase en este canto como un indio llamado Obera se intitulaba hijo de Dios, y á un hijo suyo, Papa, y á otro Emperador; y como Garay entró en los Nuaras, y de vuelta rompiò la palizada de Yaguatatì.

————————————

El abeja convierte, como vemos,
Las flores en la miel dulce y sabrosa,
Del araña y la vìbora leemos,
Que en ponzoña las vuelve ponzoñosa.
En nuestra santa fé bien conocemos
Que pasa desta suerte aquesta cosa;
Pues el hereje y malo, de las flores
Del Escritura torna en sus errores.
Cuanto deba tratarse con llaneza
A los indios la Fé, vemos muy claro,
Que no se le ha de dar pan con corteza,
Al niño, dice Pablo muy preclaro.
Y pues que se conoce la rudeza
Del indio, y su juicio tan avaro,
Conviene como à niños darles leche,
Porque en ellos la fé santa aproveche.
Martin Gonzalez, clèrigo idiota,
Que á musa solamente no sabia,
Al indio predicaba que fuè rota
La torre de Babel, y que vencia
David al gran Goliath con su cota,
Con sola una hondilla que traía.
Sin esto otros misterios, altos, bellos,
Que al indio no se sufre tratar dellos.
Un Obera quedò tan doctrinado
De los sermones deste, que fuè parte
Por donde el Paraguay arrinconado
Estuvo mucho tiempo, y de mal arte.
Despues que aqueste indio levantado
En sus tierras ha sido, luego parte
Con mucha gente é indios que traía
A sembrar los errores que tenia.
Con este la nacion ruda, indiscreta
Del Guaranì andaba perturbada,
Que introducir pensaba nueva seta
Este indio que la tiene levantada.
La espantosa señal y gran cometa
Que se vido al ocaso levantada,
Les dice, cuando fué desparecida,
Que la tiene en un càntaro escondida.
Y que à su tiempo habia de sacarla,
Con fin de destruir á los cristianos;
Que á aquesta causa èl quiso fabricarla,
Teniendo compasion de sus hermanos.
Tenia aqueste perro grande garla,
Y como son los indios tan livianos,
Y amigos de seguir nuevos caminos,
Forzóles à creer sus desatinos.
Obera, como digo, se llamaba,
Que suena resplandor en castellano:
En el Paraná Grande este habitaba,
El bautismo tenia de cristiano:
Mas la Fé prometida no guardaba,
Que con bestial designo á Dios, tirano,
Su hijo dice ser, y concebido
De Virgen, y que Virgen lo ha parido.
La mano està temblando de escribillo,
Mas cuento con verdad lo que decia
Con loca presumpcion aquel diablillo,
Que mas que diablo en todo parecia.
Los indios comenzaron de seguillo
Por todas las comarcas dò venia,
Atrajo mucha gente así de guerra,
Con que daños hacia por la tierra.
Dejando, pues, su tierra y propio asiento,
La tierra adentro vino predicando:
No queda de indio algun repartimiento,
Que no siga su voz y crudo mando.
Con este impio pregon y mal descuento
La tierra se và toda levantando,
No acude ya al servicio que solia,
Que libertad à todos prometia.
Mandóles que cantasen y bailasen,
De suerte que otra cosa no hacian,
Y como los pobretes ya dejasen
De sembrar y cojer como solian,
Y solo en los cantàres se ocupasen,
En los bailes de hambre se morian,
Cantàndoles loores y alabanzas
Del Obera maldito y sus pujanzas.[82]
Un hijo que este tiene, se llamaba
Por nombre Guiraró, que es palo amargo.
Del nombre Papa aqueste se jactaba.
Con este el padre, dice, "yo descargo
La grande obligacion que à mí tocaba,
Con darle de pontífice el encargo."
Aqueste es el que viene bautizando,
Y los nombres à todos trasmutando.
No quiero mas decir de sus errores
De que andaba la tierra alborotada
En todo el Paraná, y sus rededores;
Y así se fué tras él de mano armada.
Mas como este tenia corredores,
Y gente puesta siempre en gran celada,
En viendo la pujanza conocida
Del enemigo, pónese en huida.
Aqueste fué la causa que estuviese
La tierra levantada, como estaba,
Y que á servir al pueblo no viniese.
Tambien Garay, digimos, publicaba
La guerra contra este, aunque tuviese
Otro designio, al fin, pues, caminaba,
Cuando Fuente los Lirios ha tomado,
Dò nace el Ipaneme desdichado.

Tomando los soldados esta fuente,
Sus tiendas y sus toldos asentaron;
Entorno de la cual, alegremente
Del prolijo camino descansaron.
De un bosque muy cercano de repente
Dos indios salen fuertes, y llegaron
Dó estaba nuestra gente reposando,
Y de los dos, el uno está hablando.
"A tan altivo, dice, atrevimiento
No habia de ofrecerse desafio,
Mas castigo hacer para escarmiento
De vuestra presuncion y desvarío.
¿Porqué os osais meter en este asiento,
Con tan flaca pujanza, y poderío?
Salid, con lanza, espada, y con escudo,
Que me basta esta pica, aunque desnudo.
"Pudiéramos traer arcos y flechas,
Mas quiere el gran Cacique sean probados
De vosotros ahora estas derechas,
Que tienen mil cervices quebrantadas.
Por tanto apagareis tambien las mechas,
Que son armas al fin aventajadas,
Y con lanza y espada, ó á los brazos
Hagamonos de presto aquí pedazos.
"Dos somos, salgan dos, tres, cuatro, luego
De aquellos que presumen ser valientes,
Que por temor ó miedo, ni por ruego
No habernos de afrentar á los parientes."
Al punto que esto oyeron, como un fuego
Saltaron dos mancebos diligentes,
Inciso y Espeluca, sus espadas
En las bravosas manos empuñadas.
Pitum y Corací, como los vieron
Salir con tal esfuerzo y gallardía,
Con rabia y con furor arremetieron,
Y las picas calaron á porfia.
Los gallardos mancebos acudieron
Con tal ardid y maña y osadía,
Que traban en un punto tal batalla
Que Marte no cansára de miralla.
Al Inciso Pitum le cupo en suerte,
Que en el aire parece salta y vuela,
Con su pica tostada, grande y fuerte,
Por cien partes le rompe la rodela:
Y aunque parece darle ya la muerte,
De tal suerte el cristiano se desvela,
Que pierde Pitum toda su esperanza,
Que el cristiano le corta media lanza.
El bravo Corací al Espeluca,
Con ánimo bestial encrudecido,
Le tiene á mal traer, y á la boruca,
El suelo su tropel ha ennegrecido.
Con fuerza con la pica le trabuca,
El cristiano con maña, guarecido
Se tuvo, porque estando de rodillas
A Corací ha herido en las megillas.
Inciso, como vé que le faltaba
La media de la pica á su enemigo,
Con ánimo mayor mas se arrojaba,
Y un golpe le tiró junto al ombligo.
Pitum, del corazon fuerzas sacaba,
Que no las tiene todas ya consigo,
Y viéndose sin fuerzas y acosado,
A los brazos venia denodado.
El cristiano, que siente lo que quiere,
Por ver como se estira y endereza,
Con fuerza de alto abajo bien le hiere;
Y aunque el golpe arrojaba á la cabeza,
La mano le cortó. Si no huyere
Pitum ha de morir en breve pieza;
Mas él está tan ciego en no huirse
Que mas quiere morir que escabullirse.
Al fin, como se vé sin una mano,
Y el dolor que padece le atormenta,
Volviendo las espaldas al cristiano,
El resto de la pica al suelo abienta.
Huyendo vá á gran priesa por el llano,
Que ya no se le acuerda del afrenta;
El otro, que se vió sin Pitum, solo,
Aprieta con mas fuerza que el Eolo.
Inciso y Espeluca, mal heridos
Quedaron, y confusos de este trance,
Por ver los enemigos ya huidos,
Sin que ellos puedan irles en alcance;
Que el Capitan prohibe sean seguidos,
Diciendo que bastaba el bello lance,
Y que del hecho suyo, fama y gloria
Merecen, pues quedaron con victoria.
Pitum y Corací van sin pereza
Huyendo, como suelen, de los lazos
Las zorras escaparse, con destreza,
Haciendo los cordeles cien pedazos.
A no tener tal maña y ligereza,
Quedáran hechos piezas, pies y brazos:
Mas juzgan por mas sana la huida,
A trueco de escapar libre la vida.
Llegados á su estancia relataron
La batalla, y rencuentro que tuvieron;
A su cacique bien representaron
El peligro notable en que se vieron.
Los golpes y heridas demostraron,
La mucha roja sangre que vertieron,
Pitum, perdí mi mano la derecha,
Dice, y estotra nada me aprovecha.
El Corací, con ansia dolorosa,
Echad, dice, Señores, en remojo
Las barbas, pues que veis cual vá la cosa,
Que me cuesta el rencuentro el diestro ojo:
No he visto gente yo tan bellicosa,
Les dice: no penseis que esto es antojo,
Que son hijos del Sol estos varones,
Y mas bravos que tigres y leones.
El gran Tapuy Guazu con pecho fiero
Soltando la voz triste y lastimera,
Mi fin, dice, se llega ya postrero,
La hora se me acerca postrimera:
Mas conviene la vuestra aquí primero
Se cumpla, y encendida una hoguera
A Corací y Pitum, porque tornaron
Con tal nueva, allí vivos los quemaron.
Y junta luego al punto allí su gente
Y desta forma á todos ha hablado:
"Amigos, cosa es muy conveniente
Que aqueste caso sea bien mirado;
Que las cosas tratadas de repente
No suelen suceder en buen estado:
Por tanto el parecer de cada uno
Es justo que se escuche de consuno."
Primero á Urambia dijo que hablase,
Y aunque él con discrecion lo rehusaba,
Porque Tapuy Guazu no se enojase,
Al fin con ronca voz así hablaba:
"Antes que nuestras tierras ocupase
El español soberbio, se sonaba
Que habia de perderse nuestro estado,
Y ser de nuevas gentes conquistado."
"Yo puse en este caso diligencia
Mirando las estrellas y planetas;
Tambien tuve gran cuenta y advertencia
En ver andar errando los cometas,
Y enseñame tambien ya la experiencia,
Por ver otras naciones ya sujetas,
Que no han de bastar fuerzas ya de manos
Contra el poder soberbio de cristianos."
"Así que, me parece, que conviene
Con gozo recibir al enemigo,
Y pues que con poder y fuerza viene
Tomémosle por fiel y buen amigo.
Y es justo que en la tierra no se suene
Que al español no damos buen abrigo,
Que al punto le darán contrarias gentes,
De á dó resultarán inconvenientes."
Muy duro les parece este consejo
A todos los que estaban congregados;
Mas tienen reverencia al cano viejo
Y á sus hechos heróicos y afamados.
Curemo, con muy grande sobrecejo,
Se sale con sus hijos á los lados
Oyendo esto, y no dice cosa alguna,
Y con su gente entró en una laguna.
Tapuy Guazú mandó, pena de muerte,
Que de la junta nadie se saliese,
Y que todos hablasen por su suerte,
Y el caso con amor se decidiese.
Berú, de gran valor, indio muy fuerte,
Al cacique le dijo le plugiese
A Curemo llamar, pues conocia
Su suerte, su valor y valentia.
Dos indios á llamarlo se partieron
Per órden del cacique y mandamiento:
Por la laguna adentro se metieron,
A dó el padre á los hijos juramento
Les toma (de cumplirlo prometieron)
Que mueren en defensa de su asiento,
Les dice, pues mejor es buena muerte,
Que vil, y desastrada y triste suerte.
Los mensageros dieron su recado,
Curemo respondió modestamente,
Que estaba en la laguna ya alojado,
Y que quiere meter allí su gente,
Por no dar ocasion á que el soldado
Le haga mal: que luego incontinente
Irá al consejo y junta con presteza;
Y su gente recoje sin pereza.
Sus mugeres é hijos ha metido
En la laguna adentro, y gran pantano,
Y como los demas lo han entendido
Juzgaron su consejo por muy sano.
Y en tanto todos ya se han resumido,
Que de paz recibiesen al cristiano;
Mas que mugeres, hijos se metiesen
A donde los cristianos no los viesen.
Curemo allí salió disimulando
El juramento hecho que tenia:
Garay se llega á priesa, caminando
Con gran estruendo, grita y vocería.
Los indios que le estaban esperando,
Vencidos de temor y cobardía,
Tras la chusma se fueron, mas Curemo
Mostrado ha su valor por gran estremo.
Al español espera, y con gran brio
Le dice, que no pare en este asiento;
Que veinte leguas mas, hay gran gentío
Dó satisfacer puede bien su intento.
Pasado el Yaguarí, famoso rio,
Los soldados irán con gran contento,
Y á veinte leguas, poco mas ó menos,
Los campos hallarán de gente llenos.
Curemo, que esto dice, les ofrece
La guia, que les guie bien derecho;
Su concejo tomar bien les parece,
Sintiendo que vendrá de ello provecho.
El indio se retira, que anochece,
Y vuelve á la mañana con despecho,
Porque al alma le llega á este pagano
De ver nuestro real en aquel llano.
Gran priesa dá á Garay para que salga,
Diciendo, que la priesa le conviene,
Que della cuanto pueda bien se valga,
Que corre gran peligro si detiene
La partida; y en viendo que cabalga
Garay, nuestro Curemo placer tiene,
Y dice á voces altas, la victoria
Espero que ha de ser con grande gloria.
Los cristianos saliendo caminaron
Llevando guias, dadas por Curemo:
El rio Yaguarí atravesaron,
Que entre otros rios vemos ser supremo.
A los Tapuí Miries allegaron
De que placer reciben por extremo;
Asalto dan al tiempo que amanece,
Por dó la triste gente mal padece.
Estaban estas gentes con contento:
De cristianos no piensan la venida;
El subito temor y sentimiento
Les hace huyan todos de corrida.
Oblígales á muchos el lamento
De hijos y muger á perder vida;
Acude cada cual al arco y flecha,
Con ver venir la muerte muy derecha.
Al fin, en cuatro pueblos que se ha dado,
Algunos que defensa procuraban,
La vida entre las lanzas han dejado.
Aquellos que á prisiones se entregaban,
Por ver ya su negocio mal parado,
Con vida por cautivos se quedaban.
Quinientas y mas piezas fué la presa,
Que vino desta vez cautiva y presa.
La vuelta dá Garay, con gran recelo
Que venga el enemigo con pujanza:
Lamentan los cautivos aquel duelo,
Y suerte miserable y mala andanza,
Al gran Tapui Guazù llega de un vuelo
A dó sale de viejas una danza,
La victoria con cantos celebrando,
Y la gente vencida lamentando.
Alegre y apacible y muy graciosa
La tierra por aquí vimos, poblada
De frescas arboledas, y abundosa
De caza, y nunca ha sido conquistada.
La gente es labradora, y codiciosa
De guerra, y es en ella muy versada;
Mas tómalos Garay muy descuidados,
Y asì pudieron ser desbaratados.
Tapui Guazú holgò de la venganza,
Que vido en su enemigo aherrojado:
Mas pone con los suyos vigilanza,
Que no les haga mal algun soldado.
Al fin de paz quedó con la esperanza
Que dió, con prometer que de su grado
Queria al Español ser repartido,
Por no ser de otros indios ofendido.
Urambía y Curemo se han asido
En esto, y mal revuelto que decia;
Urambìa la causa solo ha sido,
Que sin hacerles mal Garay salia.
Curemo le ha sobre esto desmentido,
Remítese este caso, y la porfia
A la prueba mas cierta en estacado:
El campo les fuè á entrambos señalado.
Urambía las armas señalaba,
Que son pica, macana y palometa,[83]
A cada cual padrino acompañaba:
Con Urambía sale Urambieta,
Xiantombia à Curemo se llevaba,
Y al son de una ronquisima corneta,
Metidos en su fuerte palizada.
La batalla feroz fué comenzada.
No creo año se llevan los guerreros,
Que entrambos son muy viejos y muy canos
Los golpes que se dan terribles, fieros,
No dejan, donde aciertan, huesos sanos:
Andan sanguinolentos carniceros,
Como de Irlanda suelen los alanos,
Y mas que hircanos tigres espantosos,
Y en ver su propia sangre muy gozosos.
De ver era los dos con el concierto
Y ánimo feroz que combatian;
Sin falta, à cada cual dellos por muerto
Los que mirando estaban, le tenian.
Estaba cada cual dellos tan cierto
En el herir, que entrambos parecian
Ser uno: mas Curemo hubo perdido
La pica, que en dos piezas se ha partido.
La macana con furia fuerte afierra,
Y espera con esfuerzo al enemigo:
Urambía la pica cala y cierra,
Y diérale por medio del ombligo;
Mas Curemo diò un salto de la tierra,
Y con tan grande maña dió consigo
A un lado, que pasò la pica en vano,
Y así quedó Curemo desta sano.
Con la pica le lleva gran ventaja
Urambìa; mas es tan animoso,
Que los golpes y botes le baraja,
Con un ardid y esfuerzo valeroso.
De sangre el verde prado ya se cuaja,
El Sol encubre el rostro luminoso,
Viniendo ya la noche obscurecida,
Y no vemos victoria conocida.
Los Jueces los ven à la mañana,
Y por igual los hallan mal heridos:
De combatir entrambos tienen gana,
Y defender con fuerza sus partidos.
Juzgóse por mejor cosa y mas sana,
Que fuesen por sentencia convencidos,
Que cierta es à los dos ambos la muerte,
Volviendo á la batalla cruda y fuerte.
Contra alguno juzgar nadie se atreve;
Y siéndoles juez ya señalado,
A entrambos, dice, honra igual se debe,
Y que es cualquiera dellos buen soldado.
Ninguno hay que el decreto desapruebe,
Y asi dice el Juez muy denodado,
"Lo que he dicho, pronuncio y lo sentencio,
Y pongo al caso fin aquì y silencio."
En tanto que esto pasa, presuroso,
Juntando en Ipaneme mucha gente,
Andaba Guayracá muy valeroso,
Astuto, sábio, artero y muy valiente.
En un espeso bosque, deseoso
De librar del cristiano bien su gente,
Compuso una terrible palizada,
De aguas y comidas abastada.
El fuerte fuè con maña fabricado;
A los lados con muchos torreones
Estaba à todas partes resguardado
Con sus trincheas, fosas y bastiones.
Sin duda Satanás ha revelado
A Guayracá el modelo è invenciones,
Que nunca estuvo en Africa ni Italia,
Ni menos en Castilla ni Vandalia.
Juntó para este fin toda la tierra,
E hizo grande junta y llamamiento,
Publica à fuego y sangre cruda guerra,
Celebra del cristiano el finamiento,
Ofrece en sacrificio una becerra,
Y las cenizas della por el viento
Desparce, por señal y por memoria,
Que contra el Español habrá victoria.
Yaguatatí de presto se le ofrece
Con mas de dos mil indios de su mano:
Por alferez, le nombra, y lo merece.
Con mil indios acude Tanimbano,
El gran Cayapey no desfallece;
Ibiriyù, tambien mozo galano,
Acude aquel con mil menos ochenta,
Estotro con doscientos y cincuenta.
Yacaré y Tapucagn no se quedaron,
Que cada uno trescientos y cincuenta
Traia: de esta suerte se juntaron
Al pié de cinco mil á buena cuenta.
En la estacada y fuerte se encerraron,
Sin que salir alguno se consienta:
Y si salen algunos, muy aína
Acuden à la trompa y la bocina.
Asì con gran contento deseaban
Que venga el español para probarse;
El tiempo, noche y dia lo gastaban
En su estacada, y fuerza y repararse.
La flecha, pica y dardo ejercitaban,
A sus solas procuran ensayarse.
El maracà, bocina, y atambores
Resuenan por el bosque y rededores.[84]
Garay que caminaba, desque llega
Dó se siente esta grita y alboroto,
Atraviesa por medio de una vega,
Hasta dar en un verde y grande soto.
La gente guayracana estaba ciega,
En un momento el campo les fué roto,
Mas viendo las mugeres les llevaban,
Con fuerzas defenderlas procuraban.

De temor de la trompa que sonaba,
Y el tropel y ruido del caballo,
La chusma el fuerte ya desamparaba,
Que al español no quieren esperallo.
El Guayraca á los indios animaba,
El español comienza á escopetallo;
Mas tiene tal destreza el perro viejo,
Que á su defensa hallò buen aparejo.
Desde un tronco muy grande desembraza
El Guayraca una flecha, y la ha fijado
En un árbol, pensando que hizo caza
En Garay: una voz ha levantado,
Diciendo, Capitan, desembaraza
El campo, pues ya ves que te he clavado;
Mas Inciso diò al perro por la frente,
Y cae Guayraca luego de repente.
Yaguatatí en un punto embravecido
Como toro muy bravo de Xarama,
Entre los españoles se ha metido,
Y sálele al encuentro Valderrama,
Y Osuna, de los cuales mal herido
Los dientes rechinando, bufa y brama,
Y dice: por matarme satisfechos
No vais; y mete el dardo por su pecho.
Luis Martin, con ànimo lozano
Encuentra à Mayrayú, y de estocada
Por los pechos le hiere, y dá en el llano
El indio, y al caer quebrò la espada;
Que no pudo sacarla el trugillano,
Segun estaba fija y enclavada;
La macana del indio toma presto,
Con que piensa vencer á todo el resto.
Castillo, con su espada, y la rodela,
A diestro y à siniestro và hiriendo;
Cuyapei en herirle se desvela,
Y viendo que le acierta, vá huyendo.
Así como lo vido Valenzuela,
Tras el indio con furia fuè corriendo:
El trueco le dió luego del flechazo,
Y en tierra le tendió de un pelotazo.
Bañuelos de esta hecha, y Espinosa,
El infierno poblaron de paganos,
Y viendo que la gente temerosa
Discurre sin consuelo por los llanos,
Viniendo ya la noche tenebrosa,
Volvieron al real libres y sanos;
Empero de la sangre que han vertido
Teñido el rostro, manos y vestido.
Este dia vi un indio que llegaba
A mi: con una cruz viene en su mano;
Con muy grandes sollozos me hablaba.
"Por Dios que murió en esta Soberano,
Me dice, ya me val, pues te obligaba
El ser tu mi Señor Arcediano."
Diciendo estas razones se me llega,
Y al caballo y estribo se me pega.
Aqueste en la Asumpcion habia servido
A Bartolomé Barco de Amarilla;
Despues con otros indios se ha huido
Al Obera siguiendo y su cuadrilla;
Y viendose en peligro, ya vencido,
A mi lado se pega y á la silla.
Valiòle el escogerme por padrino,
Que el tiempo le enseñó lo que convino.
El Obera, maldito, dado habia
La cruz à aqueste indio y deputado:
Por sacerdote, y santo le tenia;
Despues de aqueste fui bien informado
De aquellas ceremonias que hacia
Aquel maldito indio y endiablado;
Y como Papa à un hijo intitulaba,
Y al otro Emperador y Rey nombraba.
El uno bautizaba, trastrocando
Los nombres que los indios ya tenian:
El otro los delitos castigando
Andaba, que los indios cometian:
El Obera, su padre, predicando,
Yo ví que unos mestizos le seguian,
Y puse gran calor yo por haberlos,
Y al fin hube con maña de cojerlos.
Con un muchacho mio, conocido,
Ladino en gran manera y ardidoso,
Enviando à decir como habia ido
De remediarlos estando deseoso:
De Logroño un mestizo fuí creido,
Y á mi toldo se vino muy gozoso;
Tratè de perdonarle si traía
Los otros dos, y al punto lo hacia.
Otro mestizo andaba levantado,
De nacion portugues, y publicaba
Contra el Misterio Santo consagrado
Formadas heregias, que hablaba.
Oyéndole, le dijo otro soldado
Que mirase muy bien lo que trataba,
El cual me diò noticia de este caso,
Y yo salí de casa muy de paso.
De blanco me vestì, y con sombrero
De paja, en mi caballo à la gineta,
Llevando solamente un compañero,
Y cada cual á punto una escopeta:
Espias yó le puse, tan lijero.
Que venida la noche muy secreta,
En un bosque le prendo, y amarrado
A la ciudad le traigo à buen recado.
El que fingìa ser Papa, y compañeros,
Jamas nos esperaron en la guerra;
Que aunque suele traer muchos flecheros
Y sale muchas veces de su tierra,
Por saber ya que son arcabuceros,
En los bosques, y montes bien se encierra.
El Guayraca, que hizo palizada,
Quedó muerto, y su tierra desolada.
Doscientas, ó mas piezas se sacaron
De aqueste asalto, y guerra Guayracana;
Algun tanto con esto reposaron
Los indios de la tierra comarcana:
Los nuestros con contento celebraron
El triunfo de victoria tan galana,
Y à la Asumpcion volvieron victoriosos,
Alegres, placenteros y gozosos.
Mas no puede durar el alegria,
Que nunca puede haber gozo cumplido:
Pues vemos que al placer dolor seguia,
Y al dolor el placer se le ha seguido.
Decir quiero un motin que sucedìa,
De mestizos malvados mal urdido.
Descanse pues un poco aquí mi pluma,
Y luego lo pondrá en muy breve suma.

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CANTO VIGESIMO-PRIMERO.

Puebla Garay á Buenos Aires: levantase en Santa-Fé los Mestizos y eligen por su General à Cristoval de Arevalo; el cual alumbrado de Dios, cortó las cabezas á los principales del motin, y restituyó al Rey su tierra.

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