[4] El gobierno municipal de los Estados Unidos, bajo el punto de vista americano por el Hon. Seth Low, capítulo LII del “American Commonwealth”.
[5] Cuando se escribió el estudio citado, Brooklyn era una ciudad independiente. Hoy forma parte del “Greater New York” que, con la incorporación de esta ciudad y los suburbios de “Queen” y “Bronx”, es hoy la segunda ciudad del mundo. He aquí algunos datos estadísticos cuyas cifras no necesitan comentarios, relativos al “Gran Nueva York”: Área, 320 millas cuadradas. Población: 3.388.000 habitantes. (La población de los Estados Unidos en la época de la independencia, era de 2.750.000 habitantes). Nueva York tiene 6.587 acres (una hectárea equivale a dos acres 471 milésimos) de parques y espacios libres, contra 5.976 en Londres, 4.739 en París y 1.637 en Berlín. New York tiene 1.200 millas de calles, de las cuales 1.002 pavimentadas; Londres 1.818 millas pavimentadas; París 604; Berlín 500. New York tiene 1.156 millas de cloacas, Londres 2.500, París 599, Berlín 465. New York tiene 65 y media millas de ferrocarriles elevados y 466 millas de ferrocarriles de superficie; Berlín tiene 225 de los últimos y París 24. New York tiene títulos de deuda por valor de 200.000.000 pesos. Londres por otros 200 millones, Berlín por 70 millones y París por 521 millones. El gasto anual de New York, que se calculó sería de unos 75 millones de dollars anuales cuando se consolidó la ciudad, en 1898, ha llegado a “138 millones de dollars”, cifra monstruosa cuando se piensa que el presupuesto de Londres es de 65 millones, el de París de 72 millones y el de Berlín de 21 y medio millones. La provisión diaria de agua en New York es de 330 millones de galones; la de Londres de 203 millones; la de París de 136 millones; la de Berlín de 30 millones.
[6] “Our Cities”. Capítulo V de “The United States of America”, edited by N. S. Shaler, 2 tomos, 1897.—En la composición de este libro han colaborado los más autorizados especialistas americanos.
[7] Ford’s, “American Citizen Manual”, 89-89.
[8] Mr. Lecky se refiere al Hon. Andrew D. White, actual embajador de los Estados Unidos en Berlín, y a su obra “El mensaje del siglo décimonono al vigésimo”, publicada en 1883.
[9] William Hartpole Lecky, “Democracy and Liberty”, 1, 95, 115.
[10] Charles Burr Todd. “The Story of Washington, the National Capital”, 1889.
IX
EL CONGRESO
Los grandes problemas relacionados con la expansión exterior de la potencia americana que agitan en estos momentos a la opinión pública de los Estados Unidos, y que serán debatidos con empeñoso interés en la próxima reunión del cuerpo legislativo, van a concentrar durante algunos meses la atención universal sobre los procedimientos, las tendencias y los leaders del congreso de la gran república. Ningún momento más oportuno que éste para detenerse en el estudio de aquella rama del gobierno federal, recorriendo las etapas más notables de su historia, a la luz de publicaciones recientes. El distinguido escritor Mr. Joseph West Moore, acaba de realizar esta importante labor, y su libro The American Congress ha aparecido casi al mismo tiempo que el del ex presidente Harrison This Country of Ours, uno de cuyos más interesantes capítulos está consagrado al mismo tema. Tal vez no será del todo indiferente seguir en estas circunstancias los sucesos relatados en aquellas obras y las impresiones que sugiere su lectura.
Los comentadores de la ley fundamental americana, al estudiar las fuentes raciales de la constitución, encuentran el origen del cuerpo legislativo de los Estados Unidos, en aquellas viejas asambleas teutónicas descriptas por Tácito en su Germania, en que existía un elemento conservador representado por la reunión de los jefes de tribu, y un elemento popular representado por el conjunto de las huestes armadas de los freemen. No es necesario detenerse en esa larga genealogía que muestra en los markmoot, shiremoot, folkmoot y witenagemmoot sajones, en el gran consejo normando, en el Parlamento, y, finalmente, en la legislatura colonial, los antecesores históricos del congreso americano, para reconocer el abolengo ilustre del vasto cuerpo popular que influye hoy de una manera tan marcada en los destinos de esta poderosa nación.