Fué un éxito delirante.

Sólo en un año se imprimieron 300,000 ejemplares nada más que en los Estados Unidos.

Pasado el entusiasmo de los primeros días empezaron á circular en América las críticas de la obra, algunas muy acerbas. No faltaba ciertamente motivo en qué fundarlas, pues el libro de Enriqueta no carecía de defectos y de imperfecciones; pero no fué la crítica literaria, sino la saña esclavista quien se cebó en la escritora despiadadamente. Ella no había pensado ni pretendido nunca hacer un monumento literario ni soñaba en un éxito tan extraordinario como tuvo, pues había escrito con el corazón, en lenguaje tal vez desaliñado, tratando de conmover y despertando la indignación y la ira de los bárbaros negreros y de los odiosos esclavistas que á toda costa querían sostener en una democracia la gangrena de la esclavitud.

Se intentó procesar á la noble novelista en nombre de las leyes, puesto que las leyes autorizaban la existencia de esclavos en la gran República. Sin embargo, no se llevó adelante la persecución. Los tribunales hubieran absuelto á la que denunciaba tantos abusos y crímenes cometidos á la sombra de leyes inhumanos.

Poco después se publicó en los Estados Unidos un comentario de la obra de Enriqueta, con el título de Clave de la choza de Thom. Esta producción demostraba plenamente que el libro no era parto de una sensibilidad exagerada ni de una imaginación enardecida, sino copia fidelísima de la negra realidad.

En 1853 hizo Enriqueta un viaje con su marido, recibiendo en Inglaterra una acogida entusiasta y cariñosa. Al volver á América publicó sus Memorias felices de tierras extranjeras, libro en que cuenta sus impresiones de viaje.

Posteriormente escribió algún otro libro continuando su campaña contra la esclavitud, como Dred (última producción de la celebrada novelista) que vió la luz en Boston y Londres en 1856. Dred es una sátira contra la esclavitud, impregnada de cristianismo filantrópico, de caridad evangélica, de comunicativa sensibilidad como La Choza de Thom.

La influencia ejercida en América por La Choza de Thom es indudable. Su libro hizo llorar á una generación; excitó el celo de los abolicionistas, despertó la dormida caridad de los indiferentes y estremeció á los tiranos de la raza oprimida. Los héroes que doce años más tarde rompieron en cien batallas las cadenas de la esclavitud, recordarían en el fragor del combate las lágrimas que habían escaldado sus mejillas al leer La Choza de Thom. ¿Qué americano existía que no hubiera leído, y leyéndolas, llorado, las desventuras del negro maltratado y perseguido?

Enriqueta Stowe deja un envidiable nombre literario y una memoria digna de respeto.

Su obra capital será leída siempre con verdadera emoción, y hará ruborizar á los descendientes de los esclavistas, no hasta la cuarta, sino hasta las últimas generaciones.