Castilla supo mantener el orden, aumentó la marina peruana dotándola de vapores y organizó la Hacienda fundando el crédito nacional, que antes de su mando no existía. Suprimió la pena capital por delitos políticos, y aunque subsistió para crímenes comunes, jamás quiso firmar una sentencia de muerte.
En la época de su mando se mejoraron las costumbres públicas, pues, él daba ejemplo de respeto á las leyes, de sinceridad electoral y de amor á todas las libertades.
Firmó tratados con otras repúblicas de América, extendió la influencia del Perú en el exterior, impulsó los progresos industriales en el interior y mejoró la organización del ejército peruano.
Los primeros ferrocarriles peruanos se deben á la iniciativa inteligente del general Castilla, que para construírlos se asoció á un capitalista chileno muy acaudalado y muy amigo suyo[6].
En 1858 fué elegido nuevamente para la magistratura suprema del Estado, habiendo sido presidente de la República por espacio de catorce años en el transcurso de su larga y provechosa vida política, una de las más gloriosas del Perú.
En 1867, á la edad de 70 años cumplidos, se puso al frente de una rebelión. El acto ha sido juzgado con dureza. Á nosotros sólo nos toca decir que lo pagó muy caro, pues le costó la vida: sucumbió en el campo de batalla.
LAMAR
El general José Lamar nació en Guayaquil en 1778. Era, pues, ecuatoriano; mas en aquel tiempo el Ecuador no existía como nacionalidad particular, sino como parte integrante del Perú.