El Alto Perú, que á Sucre debía su libertad, se constituyó en República adoptando el nombre de «Bolivia» que todavía conserva. Sucre fué elegido presidente.

En 1828 renunció tan alto puesto, que solamente le había producido sinsabores, y regresó á su patria.

En ella no fué tampoco feliz: el héroe de Ayacucho, el gran mariscal, el hombre que había cosechado más puros y legítimos laureles, murió villanamente asesinado en la provincia de Pasto el día 4 de junio de 1830.

¡Que caiga la maldición de la historia sobre los aleves mercenarios que atentaron á su preciosa vida, pero más duramente sobre los infames á quienes servían de vergonzoso instrumento!

La memoria de Sucre no puede perecer: es doblemente sagrada para los hijos de América, pues fué mártir después de haber sido héroe; fué bueno después de haber sido grande; fué generoso con los vencidos, justo con los redimidos y magnánimo con los rebeldes.

¡Gloria á Sucre!


WALKER

Este americano célebre de nuestros días forma un contraste violento con el anterior. Sucre, que le precede en nuestra galería, fué un defensor de la justicia, un soldado de la libertad, un héroe de la patria. Walker no es otra cosa que un osado aventurero sin más ideal que la codicia. Para él no había gloria si no había utilidades, prefiriendo en todo caso la rapiña á los laureles. Si vamos á bosquejar su figura, no es para tributarle aplausos que no merece ni para honrar su memoria que es bien poco ejemplar, sino para marcarlo con afrentoso estigma por perturbador de pueblos y victimario de hombres.