Los soldados prorrumpieron en entusiastas vivas á su general, tomando las posiciones á la bayoneta.

Cuando entró Bolívar en el Cuzco y esta ciudad le regaló una preciosa corona de oro y pedrería, Bolívar contestó que la aceptaba para el general Córdoba... Y en efecto, se la entregó al héroe de Ayacucho... Y éste á su vez la destinó á su ciudad natal, una ciudad de Colombia que se llama Río Negro, situada á orillas de un río del mismo nombre que va á desaguar al Magdelena.

Terminada la guerra del Perú volvió Córdoba á su patria, no figurando en la política hasta 1828. En esta fecha le nombró Bolívar general de un ejército destinado á reprimir la revolución de Popayán. Córdoba aceptó el encargo, pero Bolívar cambió de parecer y le relevó del mando, cediendo á malévolas insinuaciones. Resentido Córdoba por el desaire, cometió el error de justificar con su conducta la desconfianza del Libertador. En efecto, se unió á los sublevados; pero fué batido en un encuentro, cayó prisionero de los bolivaristas y pereció miserablemente asesinado por un inglés llamado Ruperto Hand. Triste fin de una existencia gloriosa.

Lástima grande que la política de pandillaje, el pesimismo, el despecho, lanzaran por peligrosas vías al hombre que era ya una gloria legítima de América antes de cumplir sus 30 años.


MORAZÁN

En las cinco repúblicas centro americanas se conserva fresca la memoria de este hombre público, de este mártir de la Federación, de esta simpática figura de la América central. Pocos lucharon tanto como él por la unión federal de Centro América, esa idea salvadora que ha de convertir á las naciones centro americanas en una espléndida Federación. Guatemala, Salvador, Honduras, Costa Rica y Nicaragua, tienen poca importancia cada una de por sí; carecen de influencia en los destinos del mundo; pesan poco en el equilibrio americano. Pero unidas las cinco repúblicas bajo una sola bandera, enlazadas políticamente por un pacto federal, sumadas sus fuerzas que todas juntas son considerables, resultaría la más bella de la federaciones américo-latinas.

Los Estados Unidos Centroamericanos distarían de tener la población de Méjico; pero la tendrían mayor que Colombia ó Venezuela, casi igual á la que cuenta hoy la República Argentina. De los pueblos unitarios, ninguno igualaría á la Unión de Centro América. Ésta poseería (además de sus grandes riquezas naturales, de su ventajosa posición entre dos mares y tocando al Istmo, de sus recursos verdaderamente inagotables) todos los beneficios del sistema federal, que es la última palabra en la ciencia política moderna. «República federal es miel sobre hojuelas», como dijo Emilio Castelar en sus buenos tiempos de propagandista.

No han faltado tentativas, como la de Barrios, para restablecer la unión de Centro América; pero han sido infructuosas, porque han tenido carácter de imposición y violencia; la federación de varios pueblos no debe hacerse con la espada, sino con la razón. Es indispensable que no haya supremacías, que cada pueblo mantenga su autonomía y su personalidad, que cada cual conserve la gerencia íntegra de los asuntos propios, determinándose por la ley suprema las atribuciones de la Federación.