Una revolución, triunfante en Monte Caceros, derribó por fin á Rosas en el mes de febrero de 1852. El dictador tuvo que refugiarse á bordo de un barco inglés, que le condujo á Southampton. La constitucional Inglaterra, que tanto había clamando contra la vituperable y antisocial política del déspota platense, no le negó el albergue que ha ofrecido siempre generosa á los vencidos que se acogen á su hospitalidad.

Rosas no se movió de Southampton hasta su muerte, ocurrida en estos últimos años. Jamás conspiró por recobrar el poder ni escribió una palabra en su defensa; pero no le han faltado leales y desinteresados defensores.


CARO

En 1817 vino al mundo en Ocaña (Estado de Santander) el notable poeta José Eusebio Caro, uno de los más ilustres hijos de Colombia.

Se distinguió desde su juventud como periodista laborioso, como escritor correcto, como poeta inspirado.

Fué político serio y funcionario digno, amigo consecuente y rígido patriota. Sus mismos adversarios le han hecho cabal justicia.

La vicisitudes que sufrió Colombia le obligaron á emigrar, morando algún tiempo en Nueva York. La ausencia de su familia le atormentaba mucho en su destierro, la nostalgia le consumía, el afán de ver su cielo estrellado de Colombia amargaba sus noches y acibaraba sus días. En 1853 saludó por fin las playas colombianas; pero sucumbió al desembarcar en Santa Marta, ó pocos días después, víctima de una fiebre perniciosa.

Como filósofo no pasó de ser una medianía; refutó doctrinas que no había comprendido ni apenas estudiado, y mostró mejor deseo que sagacidad de juicio al tratar cuestiones sociológicas. Pero como poeta ocupa buen lugar en el notable Parnaso colombiano, dejando gallardas muestras de su ingenio poético y de su talento literario. En 1873 se publicó en Bogotá un volumen de versos con el título de Obras escogidas de José Eusebio Caro, libro que tuvo simpática aceptación.