Ahora ninguna antífona resuena

En sus tubos que callan;

Mas, ¡qué salvaje y lúgubre armonía

Brotará de sus cajas

Luego que el ángel de la muerte toque

En sus claves extrañas!

¡Qué lamentos! ¡Qué horrible miserere

Mezclado á sus sonatas!

Oír creo ese coro inmensurable

de agonía y de ansias,