Pero llegó un día, el 8 de octubre de 1879, en que se vió forzado á combatir contra fuerzas bastante superiores y naves más potentes.
Copiamos de un historiador chileno[7]:
«... La lucha se iba á empeñar entre dos naves revestidas por una espeza coraza de fierro.
»El Huáscar rompió sus fuegos en retirada á las nueve y cuarto de la mañana. El Cochrane (acorazado chileno) siguió avanzando, y sólo cuando hubo acortado considerablemente la distancia hizo sus primeros disparos sobre la nave enemiga. Jamás fueron más certeros los disparos de la artillería. Los cañonazos del Cochrane destrozaron la torre blindada del Huáscar, destrozando también al comandante Grau. Dos oficiales que tomaron el mando sucesivamente, cayeron uno en pos de otro en el puesto de honor.
»La derrota del monitor peruano parecía inevitable. Sin embargo, el combate se sostuvo con toda energía cerca de una hora más con nutrido fuego de cañón y de las ametralladoras que el Huáscar tenía en sus cofas...
»Mientras tanto la fragata Blanco Encalada (chilena), forzando su máquina, se acercaba al sitio del combate, rompía sus fuegos sobre el monitor peruano y seguía avanzando como para espolonearlo. Se estrechaba la lucha más y más, y la espesa humareda de los cañones, de las ametralladoras y de los rifles ocultaba á cada instante la verdadera posición de cada nave. El comandante Latorre (chileno), por medio de un movimiento bien ejecutado, colocó al fin al Huáscar entre dos fuegos obligándole á rendirse.»
El Huáscar se rindió cuando ya no existía el benemérito Grau; cuando ya habían muerto los dos bravos marinos que le sustituyeron en el mando; cuando se contaban 61 muertos abordo y era casi imposible toda resistencia. De los 200 hombres que componían la tripulación del monitor peruano, sólo 140 quedaron en poder del enemigo (y heridos muchos de ellos).
Tal fué el sangriento combate de Angamos, donde los chilenos tomaron su revancha del de Iquique.
El comandante Riberos (chileno), en su parte oficial de la captura del Huáscar, se expresaba así: