I

Jorge Wáshington es el tipo más acabado y más perfecto del republicano y del patriota.

Como ninguno de sus contemporáneos, él personifica la independencia de las colonias.

Sin él, se hubiera hecho lo mismo la independencia de los Estados de la América inglesa, que no hay hombres necesarios.

Pero sin duda hubiera sido difícil encontrar otro caudillo tan pundonoroso, tan leal y tan desinteresado.

Por amor á la patria y á la independencia, rompió con tradiciones de familia, se sobrepuso á preocupaciones de raza, olvidó hábitos de educación y de carrera, todo lo sacrificó al servicio de su patria.

Fué militar afortunado, pero sumiso á las leyes de la naciente república; fué político sagaz, pero sin ambiciones; fué patriota benemérito, y sólo creyó haber cumplido con los deberes que la patria le imponía.

Tuvo otra eminente cualidad: sus discursos en el Parlamento fueron siempre desapasionados y lacónicos; jamás pronunció una arenga que durara diez minutos.

Para apreciar el mérito de su laconismo, hijo de su espíritu práctico y de su modestia, es conveniente recordar que las democracias pecan por los extremos contrarios, es decir, por la multitud de oradores y de charlatanes, por las dimensiones de los discursos políticos y por los derroches de mal empleada elocuencia.