Bolívar contó con el concurso de oficiales tan valientes como Sucre, Páez y muchos otros; contó con soldados tan infatigables como sus llaneros; contó, sobre todo, con la simpatía y el apoyo de los pueblos que su espada redimía. Pero el factor más importante de la redención de América fué el genio de Bolívar.

De las repúblicas existentes hoy en la América del Sur, no diremos que todas le deban la libertad; pero sí que llegó á todas el influjo de su genio, que sus victorias las alentaron á todas y las decidieron á luchar. De todos modos, le son acreedoras de su independencia cinco de aquellas repúblicas: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia. La última lleva su nombre; el Perú le debe su gloriosa fecha de Junín; de las tres primeras formó Bolívar una gran República, la gran Colombia, desmembrada después por rivalidades intestinas.

Como guerrero fué Bolívar mucho más afortunado, más osado, más intrépido que Wáshington; como fundador de nacionalidades no fué tan feliz. Apenas vencidos los dominadores seculares, quedó Bolívar á merced de las pasiones de sus compatriotas redimidos, y aun de las suyas propias. No supo ser un ciudadano modesto como el caudillo norte-americano, ó tal vez no tuvo fe bastante en el porvenir de su obra. Lo cierto es que murió desengañado, perdidas sus ilusiones y desalentado por lo porvenir. Pero le han calumniado los que suponen que tuvo aspiraciones bastardas pretendiendo ceñirse una corona.

El hombre que había cosechado tan legítimos laureles, el vencedor de Junín, el héroe legendario de Pichincha, que había combatido contra los tiranos sobre las laderas de los volcanes andinos, y en pantanos insalubres, y en la nieve de las cumbres nunca holladas por el pie del hombre, es imposible que soñara en titularse rey ni en hacer la desdicha y la vergüenza de sus conciudadanos.

Éstos le han hecho justicia, dándole el título honroso y gloriosísimo con que figura en la Historia: Libertador de América. ¿Pudo ganar un título más hermoso? ¿Qué corona más envidiable ni más digna que la otorgada á su genio por la posteridad?

Bolívar fué digno de su raza por lo heroico; fué digno de su patria por la ofrenda de sus sacrificios. Tócale ahora á su raza enaltecer al héroe, como le toca á su patria hacerse cada vez más digna de la independencia y de la libertad, venerando el nombre del caudillo que las conquistó en larga y cruenta lucha, y olvidando sus yerros si acaso los cometió.

III

San Martín es una de las figuras más respetables de América.

Hemos dicho que Wáshington es un patriarca, un verdadero tipo de ciudadano y patriota; dejamos dicho también que el gran Bolívar es un caudillo revolucionario; digamos ahora que San Martín es el tipo militar de la Revolución, no del caudillo osado y genial y un tanto aventurero á lo Bolívar, sino del soldado regular, que ha hecho el aprendizaje de la profesión y conoce la milicia por reglas aprendidas y por la propia experiencia.

Don Juan San Martín nació en 1780, creemos que en Buenos-Aires. Ingresó muy joven todavía en el ejército español, y tomó parte en la guerra que sostuvo España contra las ejércitos de Napoleón. Entre los hechos de armas en que tomó parte activa como oficial subalterno, figura la batalla de Bailén ganada por los españoles el 19 de julio de 1808. En tan brillante escuela se formó el futuro general de las tropas argentinas.