En el congreso combatió con energía la declaración de guerra á Méjico, sosteniendo que los americanos jamás deben pelear por una cuestión de límites.
Fué también el defensor de cuantas peticiones llegaban al Congreso en pro de la abolición de la esclavitud.
Sus esfuerzos eran vanos, que no había llegado la hora de la justicia. El crimen horrendo de la esclavitud lo soportaban pacientes los amigos de la libertad, por miedo de causar una ruptura entre los Estados esclavistas y los antiesclavistas. Á Lincoln, y á todos los que con él querían la abolición inmediata, se les tenía por hombres peligrosos.
En 1858 sostuvo Lincoln una campaña memorable, de esas que tanto enaltecen á los pueblos libres. El esclavista Douglas, aspirante á la senaduría, recorrió diferentes Estados de la Unión defendiendo la esclavitud; y entonces Lincoln se impuso la tarea de seguir por todas partes al orador esclavista, levantando su voz donde quiera que Douglas se atrevía á levantarla. En todos los meetings en que hablaba Douglas, también hablaba Lincoln. El público de los Estados Unidos se interesaba extraordinariamente en la singular campaña, leyéndose en todas partes los discursos de ambos oradores. Lincoln se acreditó de polemista hábil.
En 1860, la Convención nacional de Chicago propuso á Lincoln para la presidencia. Y el día 6 de noviembre, los electores de los Estados por considerable mayoría eligen al humilde leñador, al batelero, al hombre honrado, para presidente de los Estados Unidos.
Los ánimos exaltados de los esclavistas no pudieron contenerse más. Sin provocación de ningún género, proclamaron la segregación. La Carolina del Sur retiró sus representantes del Senado y del Congreso, declarando que se separaba de la Unión. Siguieron su ejemplo Georgia, Alabama, Florida, Luisiana, etc. El gobierno federal se limitó á censurar la conducta de la Carolina (donde se habían cometido excesos y usurpaciones), y la Carolina contestó atacando el fuerte Sumpter guarnecido solamente por 70 hombres mandados por el mayor Anderson, que se rindieron después de una resistencia heroica.
Una asamblea esclavista reunida en Mongomery votaba el 8 de febrero de 1861 la Constitución de los Estados confederados del Sur; Jéfferson Davis fué elegido presidente.
No es nuestro ánimo relatar aquí las peripecias de la titánica lucha. Sólo diremos que los siglos no han presenciado ninguna semejante. Batallas interminables, combates navales que eran espanto del mundo, victorias inverosímiles, desastres estupendos, inventos maravillosos, y todo grande, todo colosal.
Pero Lincoln había jurado en pleno Capitolio cumplir con su deber, el cual consistía en proteger y defender y mantener la Constitución de los Estados Unidos.
Y cumplió con su deber.