Al principio de la guerra, la suerte fué contraria á los Estados de Norte. Pero Lincoln hizo milagros, la federación hizo prodigios, la Constitución fué mantenida y vencidos los rebeldes.

Más de dos millones de ciudadanos combatieron en defensa de la Constitución; por su parte los separatistas armaron cerca de un millón de hombres. Federales y confederados se batieron con denuedo por espacio de cuatro años seguidos.

En las filas federales se alistaron muchos negros, de los que se dijo que ennegrecían con sus rostros las filas del ejército. Hoy blanquean sus huesos los campos de batalla.

En 1864—en plena guerra—hubo elección presidencial. Lincoln fué reelegido con una mayoría de 400,000 votos.

El 30 enero de 1865, la Cámara de Wáshington declaró abolida la esclavitud por 119 votos contra 56.

Entre tanto la guerra continuaba, pero ya nadie dudaba del éxito.

El general Lee, después de haber hecho inútiles prodigios de valor, se rindió al general Grant el 9 de abril de 1865.

Poco antes entraba Lincoln en Richmond, capital de los rebeldes, entre las aclamaciones del ejército victorioso, de los negros libertos y de todos los amigos de la libertad.

El día 14 del mismo mes y año fué asesinado Lincoln de un pistoletazo en la cabeza, hallándose en un palco del teatro Ford.

Juan Wilkes Booth se llamaba el asesino.