«Habiéndose distinguido en la retirada de Long-Island, en Trenton y en Princeton, Wáshington le tomó como ayudante de campo con el grado de coronel, no tardando en ser el confidente del gran hombre de los Estados Unidos, de quien recibió siempre las más afectuosas muestras de aprecio.

»Sirvió, pues, brillantemente en la guerra de la Independencia, siendo el lazo de unión entre el improvisado ejército del país y el ejército francés, gracias á que poseía los idiomas de ambos y la confianza de Lafayette y Wáshington.

»Cuatro años después de proclamada la Independencia de los Estados Unidos, habiendo tenido un pequeño disgusto Wáshington y Hámilton, este último abandonó las armas para abrazar la carrera de abogado en Nueva-York, pues aunque casado con la hija del general Schuyler, veíase obligado á buscar nuevo modo de ganar la subsistencia.

»Tenemos ya al hombre en la plenitud de la vida, cambiado de carrera, enérgico como siempre, y siempre deseoso de ser útil á su patria y á la libertad. Á los dos años de residir en Nueva-York y de adquirir gran reputación se le mandó al Congreso.

»Los Estados Unidos pasaban entonces por una situación difícil. El ejército, durante la campaña de la Independencia, no recibió sus pagas; los oficiales estaban empeñados; la paz no estaba aún consolidada, y era de temer por todas estas causas una guerra civil.

»Hámilton en el Congreso defendió á sus antiguos compañeros de armas, y para que no se le creyera interesado, declaró antes que renunciaba todo cuanto á él correspondiera, pidiendo que fueran reconocidos los derechos de los oficiales. El Congreso, estando exhausta de fondos la Hacienda, desoyó á Hámilton, y sólo cuando el conflicto se hubo presentado decidióse á ser justo.

»Pero entonces presentó la cuestión otro cariz. Se reconocía la deuda que la nación tenía con los militares, mas no había modo de satisfacerla. La República estaba en vísperas de una bancarrota. El Congreso carecía de medios y datos para resolver la situación, pero en su seno contaba un Hámilton que, así como supo conquistar un puesto en el ejército y luego se improvisó abogado, improvisóse también hacendista. Con asombrosa facilidad dominó al punto la cuestión, ilustrando al Congreso y proponiéndole consolidar todas los deudas, tomando á cargo de la Confederación la deuda militar y las deudas de los Estados, creando la unidad financiera. Propuso, además, el establecimiento de aduanas en la costas de Norte-América, medida que se tomó con carácter de provisional, pero que ha subsistido.

»Fué Hámilton el verdadero iniciador, con Mádison, de la célebre Convención de Annapolis, que produjo tantos beneficios. Redactó el dictamen de dicha convención, dirigido al pueblo norte-americano, aconsejando que se reuniera otra Convención en Filadelfia para corregir los defectos y llenar las deficiencias de la Confederación. Proponía que la Constitución, después de redactada, fuera sometida á discusión popular.

»La Constitución se hizo en Filadelfia, mas no satisfacía por completo á sus autores. Sin embargo, todos reconocían la necesidad de adoptarla. Aquellos hombres tuvieron la abnegación de sacrificar una parte de sus convicciones, en aras del interés común, pero Hámilton descolló sobremanera. Tomó á su cargo hacer aceptar aquella Constitución á trece diversos Estados, que la discutieron trece veces, aprobándola, siendo preciso para llegar á tal resultado aunar intereses opuestos, acallar celos y rivalidades, para lo cual valióse siempre de armas de buena ley.

»No había bastante con esto, y Hámilton se unió á Mádison y á Jay, que representaban los distintos matices políticos, pero que estaban convencidos de que la Constitución aquella significaba la salvación del país. Los tres decidieron la publicación de una serie de artículos sobre la Constitución, cuyo trabajo se considera aun hoy día como sus mejores comentarios, y se hallan reunidos en abultado volumen bajo el título de The Federalist. Ochenta y cinco números aparecieron de esta serie, de los cuales redactó Hámilton cincuenta y uno, pero yendo todos firmados bajo el pseudónimo Publius.