»El interés que despertó la publicación de El Federalista y la campaña de propaganda emprendida por Hámilton determinaron en favor de la Constitución á todos los Estados y á todos los ciudadanos. El Federalista, no en balde calificado de «Manual de la libertad», es una de las epopeyas más simpáticas llevadas á término en favor de una causa. Apareció el número 1.º ó introducción el 27 de octubre de 1787 y el último ó la conclusión, el 15 agosto de 1788, redactados uno y otro por Hámilton.

»Cuando Wáshington ocupó la presidencia de los Estados Unidos en 1789, llamó para formar gabinete á Jéfferson, jefe del partido democrático, que juzgaba escasa la independencia concedida á los Estados, y á Hámilton, que encontraba limitadas las concesiones hechas al poder central, y asoció á ambos los generales Knox y Jay.

»Hámilton desempeñó la cartera de Hacienda, donde por falta de dinero y sobra de deudas residía el gran problema de la naciente Confederación. En este caso el gran ciudadano pudo realizar sus proyectos; salvó á su país de la crítica situación financiera, levantando el crédito á gran altura, á pesar de todos los rutinarios, y aun hoy Hámilton continúa siendo el más importante entre todos los ministros de Hacienda que han conocido los Estados Unidos.

»Pidió retirarse del gabinete en 1795, contando 38 años, después de haber fundado el sistema financiero de su país. Un historiador dice al llegar á este punto: «Ministro de Hacienda y liquidador de una enorme deuda, había restablecido la fortuna del Norte América; pero se había olvidado de hacer la suya.»

«Volvió al seno de su familia y á ejercer la profesión de abogado, cuando ya el país no tenía necesidad de sus servicios; pero en 1796, con motivo de una discordia entre Francia y los Estados Unidos, originada en una torpeza del Directorio, la Confederación creyó necesario estar dispuesta para la guerra, á cuyo efecto el presidente Adams ofreció su mando á Wáshington, quien declaró que no aceptaría sino á condición de que Hámilton fuese nombrado inspector general, como así fué, siendo él quien organizó aquel ejército, de cuyo mando se encargó á la muerte de Wáshington, pero no habiendo pasado á vías de hecho las enemistades de Francia con los Estados Unidos, Hámilton volvió á la vida privada en 1801, de la que no volvió á salir.

»Sin embargo continuaba interesándose por la cosa pública, y como hubiera expresado el concepto de «hombre peligroso» que le merecía el vice presidente de los Estados Unidos, coronel Aaron Burr, que se presentaba candidato para ser gobernador del Estado de New-York, éste ofendido, le retó.

»Teniendo Hámilton justo criterio sobre el desafío, no hubiera aceptado si no temiera la pérdida de toda su influencia. Recordaba que tenía esposa, hijos y deudos; que necesitaba vivir para los demás, pero como estaba decidido y no temía el duelo, aceptó declarando ante sus amigos que dejaría tirar dos veces á su adversario y que si le llegaba el turno él no tiraría.

»El 11 de julio de 1804 realizóse el duelo en Nueva-Jersey y habiendo tirado Burr el primero, hirió á Hámilton en el costado derecho, pasando la bala á través de las vértebras. Él mismo reconoció al momento que la herida era mortal.

»El día siguiente á las dos moría después de haberse despedido de su esposa é hijos; cuando se los llevaron cerró los ojos para no verles partir.

»Tales son los principales rasgos de la vida del gran hombre que tanto contribuyó á la obra de la Independencia del Norte América y á la consolidación de tal empresa.»