Hace que al recibirte

No rebose en la tierra el Oceano?

Abrió el Señor su mano omnipotente;

Cubrió tu faz de nubes agitadas,

Dió su voz á tus aguas despeñadas,

Y ornó con su arco tu terrible frente.

Ciego, profundo, infatigable corres,

Como el torrente oscuro de los siglos

En insondable eternidad!... Del hombre

Huyen así las ilusiones gratas,