Á la frondosa vid, al pino agreste,

Y de Minerva al árbol majestuoso.


Era la tarde. La ligera brisa

Sus alas en silencio ya plegaba,

Y entre la hierba y árboles dormía,

Mientras el ancho sol su disco hundía

Detrás de Iztacihual. La nieve eterna

Cual disuelta en mar de oro, semejaba

Temblar en torno de él un arco inmenso