Además era poeta; y como no se daba instante de reposo ni momento de vagar, componía versos magníficos para solaz ajeno y placer propio; sus versos eran leídos con general aplauso en todas las tertulias caraqueñas. Sus poesías de aquella época no se imprimieron jamás y se han perdido muchas.

Al empezar la guerra de la independencia, su espíritu estaba entero con sus compatriotas; pero el insigne Bello no era hombre de lucha y no tomó en la guerra parte activa. Le ataban además lazos de familia y de agradecimiento, que originaron calumnias groseras é infundadas. El tiempo y las pruebas materiales han desvanecido las calumnias; la memoria de Bello es la de un patriota puro y convencido; pero aquellas acusaciones injuriosas debieron mortificar hondamente el alma del patriota, cuando le obligaron á abandonar su país.

Bello emigró de Venezuela, estableciéndose en Chile; pero antes viajó por otros varios países de América y de Europa. En Londres cultivó la amistad de los sabios más sobresalientes, registró los archivos, consultó las bibliotecas y aprendió mucho. Allí estudió la lengua griega, que le era indispensable, dada la especialidad de sus estudios; aprendió el limosín, que le había de ser tan útil en sus investigaciones literarias sobre la Edad media; perfeccionó sus conocimientos de la lengua patria, del portugués, del francés, del italiano y sobre todo, del inglés, lengua que hablaba y escribía con rara perfección.

Desde 1829 hasta su muerte, ocurrida en 1865, vivió nuestro Bello en la capital de Chile donde fué querido y venerado. Allí escribió ó revisó sus obras más importantes, ejerciendo una influencia que dura todavía en la política, las letras y la enseñanza. Fué senador, fué rector perpetuo de la Universidad y unió su nombre al Código chileno.

Las obras de Bello son tan numerosas é importantes, que su simple reseña exigiría un volumen.

La literatura castellana le debe ricos tesoros, tan apreciados en España por los eruditos como en América por todos los hombres estudiosos. Los trabajos de Bello sobre el poema del Cid, sobre la gramática española, sobre la ortología y métrica de la lengua castellana, son verdaderos monumentos del habla de Castilla. Con justicia fué nombrado Bello miembro honorario de la Academia Española.

Escribió el gran publicista sobre derecho internacional, hizo traducciones directas de los poetas clásicos y dejó manuscrita en lengua inglesa una obra referente á la crónica fabulosa de Turpin, obra que no podemos juzgar.

La literatura amena le debe también las poesías más perfectas y más acabadas; sus himnos patrióticos, su poema descriptivo de la zona tórrida, su traducción del Orlando, son otros tantos modelos.

Como prueba de su correctísima versificación, vamos á dar algunas muestras.