Do helado duerme cuanto fué mortal;

Donde cautivas almas piden preces

Que las restauren á su ser primero,

Y purguen las reliquias del grosero

Vaso, que las contuvo, terrenal.

¡Hija! cuando tú duermes, te sonríes,

Y cien apariciones peregrinas,

Sacuden retozando tus cortinas;

Travieso enjambre, alegre, volador.

Y otra vez á la luz abres los ojos,