Al mismo tiempo que la aurora hermosa

Abre también sus párpados de rosa,

Y da á la tierra el deseado albor.

¡Pero esas pobres almas!... ¡si supieras

Qué sueño duermen!... su almohada es fría:

Duro su lecho; angélica armonía

No regocija nunca su prisión.

No es reposo el sopor que las abruma;

Para su noche no hay albor temprano;

Y la conciencia, velador gusano,