No hemos podido averiguar la fecha en que nació ni el lugar preciso de su nacimiento; solo sabemos con referencia á personas que le conocieron y nos merecen crédito absoluto, que Benjamín Gamero—así se le llamaba—era todavía muy joven hacia el año 1840; pero estudioso, formal y de gallarda presencia, distinguiéndose por su afición al estudio de las lenguas vivas.

En 1842 fué ascendido Gamero á teniente de primera clase, y en el mismo año se le comisionó por su gobierno para navegar y practicar estudios en la marina británica. Embarcó primero en la corbeta de guerra Carysfort, como oficial agregado, y luego se le confió el mando de la goleta Victoria, distinción que los ingleses no suelen otorgar á oficiales extranjeros.

Al cabo de dos años se incorporó á la marina chilena, mereciendo que el oficial inglés comandante de la Carysfort lo recomendara con encomio certificando que «el teniente Benjamín Muñoz Gamero, por su celo y su pericia náutica, se hallaba á la altura de los oficiales ingleses más acreditados».

En 1844 obtuvo el mando del Magallanes, desempeñándolo con acierto. En 1845 ascendió á capitán de corbeta, pasando á mandar la Janequeo que ya había mandado anteriormente por interinidad.

Pero estas alternativas, las vicisitudes de su carrera en los primeros años, los servicios comunes y corrientes que prestó en la naciente armada de su país, no merecerían ni recordación si él no se hubiera distinguido en otros servicios más distinguidos y en comisiones extraordinarias, que desempeñó con singular pericia hasta su trágica muerte.

El gobierno de Chile, que conocía las sobresalientes condiciones y la capacidad del capitán Gamero, le comisionó para explorar con algunos auxiliares la región austral de la República. En efecto, reconoció prolijamente los ríos y lagos de aquella importantísima región, entonces mal conocida, especialmente el Llanquihue y el Coyuhué. Estos trabajos hidrográficos eran de una dificultad inmensa por la falta de recursos, pues aquellas comarcas estaban enteramente desiertas y necesitaban los exploradores abrirse paso á machete, llevarlo todo consigo, trazar sendas practicables talando ó chapeando ellos mismos, sin hablar de las innumerables privaciones y sus naturales consecuencias. De todos modos, la ciencia debe mucho á aquellos exploradores capitaneados por Gamero, que llenaron su misión venciendo todas las dificultades. El Diario de la expedición contiene interesantes noticias y preciosos datos geográficos, topográficos, físicos y geológicos.

Ascendido Gamero á capitán de fragata en 1850, fué nombrado gobernador de la colonia de Magallanes. No bien hubo tomado posesión de su destino, se dedicó al estudio de la lengua indígena y empezó á formar un diccionario patagónico.

Desgraciadamente no pudo concluírlo, pues al frente de la colonia le sorprendió el desenlace de su laboriosa y útil existencia.

El 21 de noviembre de 1851 fué reducido á prisión por las fuerzas que estaban á sus órdenes, las cuales se sublevaron incitadas por el teniente de artillería Cambiaso que se puso al frente de la sublevación. El gobernador Gamero fué bien tratado al principio; pero habiéndose escapado con el capellán Acuña, tuvieron ambos que soportar mil riesgos y privaciones. Arrastrados por un temporal á una isla de la Tierra del Fuego, tuvieron que batirse con los insulares; hasta que que viéndose hostilizados por un gran número de salvajes fueguinos, se vieron obligados á tornar al continente. Desembarcaron en una pequeña caleta que se llama Agua Fresca, donde no tardaron en ser descubiertos por los emisarios, agentes y espías del traidor Cambiaso. Tardaron muchos días en ser cogidos, porque se internaron en los montes; pero algunos hombres armados que desde Punta-Arenas habían salido en su persecución, lograron darles alcance y capturarlos sin resistencia cuando hacía una semana que los infelices prófugos no se alimentaban más que con mariscos y hierbas. Aquella misma noche fueron pasados por las armas Gamero y el padre Acuña; sus cadáveres fueron quemados.—El asesino Cambiaso fué fusilado á su vez, en Valparaíso, en 1852.

El Diccionario náutico, obra de Gamero, es una prueba de la aplicación de este benemérito y malogrado marino, mártir del deber.