La revolución del 20 de abril de 1851 tuvo por jefe á Bilbao, que con su gente se batió seis horas. Fué vencido, y tuvo que emigrar una segunda vez; segunda y última, pues no volvió á su patria.

Refugiado en el Perú, continuó con ahinco su propaganda en la prensa, combatiendo sobre todo la corrupción política. Su campaña periodística le valió en breve ser desterrado del Perú. Entonces fué al Ecuador, pero no tardó en volver á Lima, donde combatió en las calles el día 5 de abril de 1854. Derribado el gobierno que le había desterrado por su campaña contra la corrupción, emprendió nueva campaña contra el ultramontanismo. Nuevas persecuciones, cárcel, destierro, fueron las consecuencias inmediatas para el viril escritor. Pasó entonces á Francia donde estuvo poco tiempo, regresando á América para vivir al lado de sus padres. Hallábanse establecidos éstos en la ciudad de Buenos-Aires, muy agitada á la sazón, y Bilbao no pudo permanecer indiferente, ni mantenerse alejado de la lucha, ni considerarse extraño en las cuestiones de interés humano y universal que exaltaban los ánimos de toda la República Argentina. Escribió de nuevo contra el clericalismo, huyó de Buenos-Aires para evitar sañudas persecuciones y anduvo errante algún tiempo á la espectativa de algún cambio.

Apaciguadas un tanto las pasiones políticas, entró nuevamente en Buenos-Aires, donde vivió consagrado al estudio de complicados problemas sociológicos. Dejó algunos escritos, en los que aparece tan intransigente en sus ideas como lo fué en sus costumbres. Radical exaltado y convencido librepensador, no fué sin embargo materialista ni ateo.

Muchas veces la calumnia, queriendo hallarle su flaco, le llamó díscolo, insensato y ambicioso; nunca sus más enconados detractores se atrevieron á negarle acrisolada honradez y pureza de costumbres. Se puede decir que fué el iniciador del racionalismo en las antiguas colonias españolas, educadas por la inquisición y el jesuitismo.

La figura de Bilbao parecerá más grande á medida que transcurra el tiempo.

Murió cuando todavía estaba en condiciones de ser útil á la humanidad; tenía 42 años.»


MUÑOZ GAMERO

Este chileno ilustre, hoy casi olvidado por sus mismos compatriotas, merece figurar en este galería como uno de los hombres que honran á su raza. Era oficial de la marina chilena desde 1836, y prestó buenos servicios en las campañas navales que sostuvo Chile por entonces. En 1838, desempeñaba ya el mando interino de la corbeta Janequeo.