Pero esta dulce Francia, ¿cómo va a revivir en el tiempo y el espacio? ¿Será acaso en su Argelia más irreductible que el acero, tan árabe hoy como el día de la conquista, tan cerrada a todo espíritu que no arranque del Corán y sobre la que han pasado, rozando apenas su epidermis, dos mil años de cultura greco-romana y otros tantos de cristianismo? ¿Será en las vastas regiones de la Indo-China, donde su espíritu lucha, no ya con la tenacidad del semita africano, sino con la flexible y moluscular blandura del ariano asiático, sobre cuya alma ningún sello deja impresión durable? ¿Será en el Africa obscura, tan impenetrable a su espíritu luminoso, como sus bosques centrales al paso del europeo?

No, organismos como estos, a los que un capricho de la historia ha permitido, un momento de su vida, unir la fuerza y la riqueza a la inteligencia y a la más alta cultura, no pueden persistir. Como la madre admirable que la dió vida, como aquella Grecia que, mientras engendraba todo lo grande, todo lo noble, todo lo bello que han conocido los hombres sobre la tierra, sacaba del inagotable fondo de su energía, fuerzas para luchar contra el Bárbaro o para desgarrarse en lucha fratricida, la Francia terminará el corto ciclo de su hegemonía política y guerrera, en la conciencia de perderla para siempre. Sentirá que la atmósfera ha variado por completo para ella—y en la imposibilidad de modificar su organismo, vivirá, como la vieja madre, en la contemplación del pasado. Y a medida que la nueva forma de Barbarie, el modo americano, vaya invadiendo la tierra entera, destruyendo aquí una obra de arte, allí un recuerdo histórico, más allá un monumento consagrado a perpetuar un ridículo acto de sublime desinterés, a medida que el pico demoledor del contratista de casernas de diez pisos en avenidas de cincuenta metros, derribe cuanto a su paso encuentre, de todos los rincones de la tierra habitada, vendrán en peregrinación a esta nueva ciudad de Pallas Athenea, todos los hombres que conservan el alma enamorada del arte. París ni será ya, quizá, el centro sensual de hoy; su epicureísmo se habrá refinado, inmaterializado casi. Y como en el mundo romano, a partir del segundo siglo del imperio, la atracción de Atenas crecía a medida que la conquista se extendía, así París, a medida que el espíritu penetre más y más en los rincones hoy silenciosos del globo, será la luz única que en medio de la opaca atmósfera ambiente, vendrán a buscar todos los asfixiados de ese triste mundo.

Y quién sabe si el francés, de día en día más cómodo en su rica y despoblada tierra y por tanto más sedentario, acabará por ser, en el extranjero, un objeto de curiosidad, al que se hará venir a precio de oro, como los sátrapas persas a los artistas griegos, para levantar un templo a los dioses, para esculpir en mármol la figura de un triunfador en la palestra, para enseñar el arte divino de la música o el no menos olímpico de incrustar en el verso rítmico y cadencioso, el alto pensamiento o el concepto gentil.

Y así la historia, como todo lo creado, continuará renovándose eternamente, bajo la serena indiferencia de la naturaleza, que es lo único inmutable.


[INDICE]


Págs.
[Miguel Cané]4
[Advertencia de la presente reedición]7
[Prólogo, por Horacio Ramos Mejía]9
[JUVENILIA]
[Advertencia del autor]23
[Introducción]25
[I.]35
[II.]39
[III.]41
[IV.]45
[V.]49
[VI.]51
[VII.]53
[VIII.]57
[IX.]59
[X.]61
[XI.]65
[XII.]67
[XIII.]71
[XIV.]73
[XV.]75
[XVI.]79
[XVII.]83
[XVIII.]85
[XIX.]89
[XX.]91
[XXI.]93
[XXII.]97
[XXIII.]101
[XXIV.]105
[XXV.]109
[XXVI.]115
[XXVII.]119
[XXVIII.]123
[XXIX.]127
[XXX.]131
[XXXI.]133
[XXXII.]135
[XXXIII.]137
[XXXIV.]141
[XXXV.]143
[XXXVI.]147
[PROSA LIGERA]
España
[Una visita de Núñez de Arce]155
[Por montes y por valles]165
[El arte español]177
[La cuestión del idioma]191
En la tierra
[Tucumana]205
[La primera de "Don Juan" en Buenos Aires]217
[En el fondo del río]227
[De cepa criolla]245
[A las cuchillas]261
[Aguafuerte]285
Recordando
[Mi estreno diplomático]295
[Sarmiento en París]313
[Nuevos rumbos humanos]345
[Ocaso]365

Nota del Transcriptor: Errores obvios de imprenta han sido corregidos. Páginas en blanco han sido eliminadas.