Y respondiéronle:

— Mira las obras que te hace, y echarlo has de ver.

Apartóse la casada diciendo:

— Esta respuesta no tenía necesidad de pregunta, porque, en efecto, las obras que se hacen declaran la voluntad que tiene el que las hace.

Luego llegó uno de los dos amigos de don Antonio, y preguntóle:

— ¿Quién soy yo?

Y fuele respondido:

— Tú lo sabes.

— No te pregunto eso —respondió el caballero—, sino que me digas si me conoces tú.

— Sí conozco —le respondieron—, que eres don Pedro Noriz.