— No quiero saber más, pues esto basta para entender, ¡oh cabeza!, que lo sabes todo.

Y, apartándose, llegó el otro amigo y preguntóle:

— Dime, cabeza, ¿qué deseos tiene mi hijo el mayorazgo?

— Ya yo he dicho —le respondieron— que yo no juzgo de deseos, pero, con todo eso, te sé decir que los que tu hijo tiene son de enterrarte.

— Eso es —dijo el caballero—: lo que veo por los ojos, con el dedo lo señalo.

Y no preguntó más. Llegóse la mujer de don Antonio, y dijo:

— Yo no sé, cabeza, qué preguntarte; sólo querría saber de ti si gozaré muchos años de buen marido.

Y respondiéronle:

— Sí gozarás, porque su salud y su templanza en el vivir prometen muchos años de vida, la cual muchos suelen acortar por su destemplanza.

Llegóse luego don Quijote, y dijo: