Otra vez torno á decir, que si ante el corregidor me lleva, me doy por condenada.

BRÍGIDA.

Sí, porque no está bien con sus huesos.

CRISTINA.

De esta vez me ahorco, de esta vez me desespero, de esta vez me chupan brujas.

SOLÓRZANO.

Ahora bien, yo quiero hacer una cosa por usted, señora Cristina, siquiera porque no la chupen brujas, ó por lo menos se ahorque: esta cadena se parece mucho á la fina del vizcaino: él es mentecato y algo borrachuelo: yo se la quiero llevar, y darle á entender que es la suya; y usted contente aquí al señor alguacil, y gaste la cena de esta noche; y sosiegue su espíritu, pues la pérdida no es mucha.

CRISTINA.

Págueselo á usted todo el cielo: al señor alguacil daré media docena de escudos; y en la cena gastaré uno, y quedaré por esclava perpétua del señor Solórzano.

BRÍGIDA.