ZAPATERO.

No están pagadas, que ella me las ha de pagar agora.

SOLDADO.

¿No me haria usted una merced, que seria para mí muy grande? y es, que me fiase estas chinelas, dándole yo prendas que lo valiesen, hasta desde aquí á dos dias, que espero tener dineros en abundancia.

ZAPATERO.

Sí haré, por cierto: venga la prenda, que como soy pobre oficial, no puedo fiar á nadie.

SOLDADO.

Yo le daré á usted un mondadientes, que le estimo en mucho, y no le dejaré por un escudo. ¿Dónde tiene usted la tienda, para que vaya á quitarle?

ZAPATERO.

En la calle mayor, en un poste de aquellos, y llámome Juan Juncos.