SOLDADO.
Pues, señor Juan Juncos, el mondadientes es este, y estímele usted mucho, porque es mio.
ZAPATERO.
¿Pues una viznaga, que apenas vale dos maravedís, quiere usted que estime en mucho?
SOLDADO.
¡Ó pecador de mí! no la doy yo sino para recuerdo de mí mismo; porque cuando vaya á echar mano á la faldriquera, y no halle la viznaga, me venga á la memoria que la tiene usted y vaya luego á quitalla; si á fe de soldado, que no la doy por otra cosa; pero si no está contento con ella añadiré esta banda, y este antojo: que al buen pagador no le duelen prendas.
ZAPATERO.
Aunque zapatero, no soy tan descortés que tengo de despojar á vuestra merced de sus joyas y preseas: vuestra merced se quede con ellas, que yo me quedaré con mis chinelas, que es lo que me está mas á cuento.
SOLDADO.
¿Cuántos puntos tienen?