¡Ó zelos, zelos, cuán mejor os llamáran duelos, duelos!
(Éntrase el zapatero.)
SOLDADO.
No sino seais guarda, y guarda cuidadosa, y vereis como se os entran mosquitos en la cueva donde está el licor de vuestro contento: ¿pero qué voz es esta? sin duda es la de mi Cristina, que se desenfada cantando cuando barre ó friega.
(Suenan dentro platos, como que friegan y cantan.)
Sacristan de mi vida, ténme por tuya,
Y fiado en mi fe canta aleluya.
SOLDADO.
Oidos que tal oyen: sin duda el sacristan debe de ser el brinco de su alma. ¡Ó platera la mas limpia que tiene, tuvo ó tendrá el calendario de las fregonas! ¿Por qué asi como limpias esa loza talaveril, que traes entre las manos, y la vuelves en bruñida y tersa plata, no limpias esa alma de pensamientos bajos y sota-sacristaniles?
Entra el amo de Cristina.