CRISTINA.
¡Pluguiera á Dios que nunca yo la dijera en esto!
HORTIGOSA.
Ahora bien, señora doña Lorenza, usted haga lo que le tengo aconsejado, y verá cómo se halla muy bien con mi consejo. El mozo es como un ginjo verde: quiere bien, sabe callar y agradecer lo que por él se hace; y pues los zelos y el recato del viejo no nos dan lugar á demandas ni á respuestas, resolucion y buen ánimo: que por la órden que hemos dado, yo le pondré al galan en su aposento de usted y le sacaré, si bien tuviese el viejo mas ojos que Argos, y viese mas que un zahorí, que dicen que ve siete estados debajo de la tierra.
LORENZA.
Como soy primeriza, estoy temerosa; y no querria, á trueco del gusto, poner á riesgo la honra.
CRISTINA.
Eso me parece, señora tia, á lo del cantar de Gomez Arias: señor Gomez Arias, doleos de mí, soy niña y muchacha, nunca en tal me ví.
LORENZA.
Algun espíritu malo debe hablar en tí, sobrina, segun las cosas que dices.