Entre, señora vecina.

CAÑIZARES.

Nombre fatal para mí es el de vecina.

Entra Hortigosa, y trae un guadamecí, y en las pieles de las cuatro esquinas han de venir pintados Rodamonte, Mandricardo, Rugero y Gradaso: y Rodamonte venga pintado como arrebozado.

HORTIGOSA.

Señor mio de mi alma, movida y incitada de la buena fama de vuestra merced, de su gran caridad, y de sus muchas limosnas, me he atrevido de venir á suplicar á vuestra merced me haga tanta merced, caridad y limosna y buena obra de comprarme este guadamecí[37]; porque tengo un hijo preso por unas heridas que dió á un tundidor; y ha mandado la justicia que declare el cirujano, y no tengo con qué pagalle, y corre peligro no le echen otros embargos, que podrian ser muchos, á causa que es muy travieso mi hijo; y querria echarle hoy, ó mañana, si fuese posible, de la cárcel: la obra es buena, el guadamecí nuevo, y con todo eso le daré por lo que vuestra merced quisiere darme por él, que en mas está la monta, y como esas cosas he perdido yo en esta vida: tenga vuestra merced de esa punta, señora mia, y descojámosle, porque vea el señor Cañizares que no hay engaño en mis palabras: alce mas, señora mia, y mire cómo es bueno de caida, y las pinturas de los cuadros parece que están vivas.

(Al alzar y mostrar el guadamecí, entra por detrás de él un galan;
y como Cañizares ve los retratos, dice
):

CAÑIZARES.

¡Ó qué lindo Rodamonte! ¿Y qué quiere el señor rebozadito en mi casa? Aun si supiese que tan amigo soy yo de estas cosas, y de estos rebocitos, espantarseía[38].

CRISTINA.