¡Ay, desgraciada, y en qué peligro pudiera haber puesto toda esta baraja!

CAÑIZARES.

Señora Hortigosa, yo no soy amigo de figuras rebozadas ni por rebozar: tome este doblon, con el cual podrá remediar su necesidad, y váyase de mi casa lo mas presto que pudiere, y ha de ser luego, y llévese su guadamecí.

HORTIGOSA.

Viva vuestra merced mas años que Matute el de Jerusalem, en vida de mi señora doña... no sé cómo se llama; á quien suplico me mande: que la serviré de noche y de dia, con la vida y con el alma, que la debe de tener ella como la de una tortolica simple.

CAÑIZARES.

Señora Hortigosa, abrevie y váyase, y no se esté agora juzgando almas agenas.

HORTIGOSA.

Si vuestra merced hubiere menester algun pegadillo para la madre, téngolos milagrosos, y si para mal de muelas, sé unas palabras que quitan el dolor como con la mano.

CAÑIZARES.