Por Dios, que estábamos mis compañeros y yo, que somos músicos, aquí pared y medio, en un desposorio, y á las voces hemos acudido, con no pequeño sobresalto, pensando que era otra cosa.
HORTIGOSA.
Y yo tambien, en mi ánima pecadora.
CAÑIZARES.
Pues en verdad, señora Hortigosa, que si no fuera por ella, que no hubiera sucedido nada de lo sucedido.
HORTIGOSA.
Mis pecados lo habrán hecho: que soy tan desdichada, que sin saber por donde, ni por donde no, se me echan á mí las culpas que otros cometen.
CAÑIZARES.
Señores, vuestras mercedes todos se vuelvan norabuena, que yo les agradezco su buen deseo, que ya yo y mi esposa quedamos en paz.
LORENZA.