Déjame, hermana, con este ladron de Procurador; que yo le arañaré toda la cara.
TORBELLINA.
Ténte, hermana, mal haya yo; y vamos á lo que importa.
BELTRANA.
¡Ay, hermana, que yo me tengo la culpa: que me he dejado engañar deste ladron de Procurador; pues me ha traido engañada, diciendo que habia de meter un escrito; y agora le mete, agora le saca; y está el Paisano condenado á muerte! Déjame que le haga rajas entre estas manos.
PROCURADOR.
Ténte, mujer de los diablos; que te quebraré la cabeza con estas escribanías.
BELTRANA.
¡Ay, hermana! ¿Qué es esto? ¡Jesus, que me muero!
(Desmáyase.)