Y en todos ellos, por respeto mio,
Estuvo firme, cual está á las olas
del mar movible la inmovible roca.
¡Cuántas veces me dijo la pobreta,
Saliendo de los trances rigurosos
De gritos y plegarias y de ruegos,
Sudando y trasudando: plega al cielo,
Trampagos mio, que en descuento vaya
De mis pecados lo que aquí yo paso
Por tí, dulce bien mio!