LEONARDA.
Basta: ello ha de ser forzoso: no hay sino tener paciencia, bien mio: cuanto mas os detuviéredes, mas dilatais mi contento. Vuestro compadre Leoniso os debe de aguardar ya en el coche; andad con Dios, que él os vuelva tan presto y tan bueno como yo deseo.
PANCRACIO.
Mi ángel, si gustas que me quede, no me moveré de aquí mas que una estátua.
LEONARDA.
No, no, descanso mio: que mi gusto está en el vuestro; y por agora mas que os vais, que no os quedeis, pues es vuestra honra la mia.
CRISTINA.
¡Ó espejo del matrimonio! Á fe, que si todas las casadas quisiesen tanto á sus maridos, como mi señora Leonarda quiere al suyo, que otro gallo les cantase.
LEONARDA.
Entra, Cristinica, y saca mi manto: que quiero acompañar á tu señor hasta dejarle en el coche.