CRISTINA.

Pues atúrese esa boca, y cósase esa lengua con una agujeta de dos cabos, y amuélese esos dientes, y éntrese con nosotras, y verá misterios, y cenará maravillas, y podrá medir en un pajar los pies que quisiere para su cama.

ESTUDIANTE.

Con siete tendré demasiado: que no soy nada codicioso, ni regalado.

Entran el sacristan Reponce, y el Barbero.

SACRISTAN.

¡Ó, que en hora buena estén los Antomedones y guias de los carros de nuestros gustos, las luces de nuestras tinieblas, y las dos recíprocas voluntades, que sirven de basas y colunas á la amorosa fábrica de nuestros deseos!

LEONARDA.

Esto sólo me enfada de él, Reponce mio: habla por tu vida á lo moderno, y de modo que te entienda, y no te encarames donde no te alcance.

BARBERO.