PANCRACIO.

Gente dormida, ¿no oís? ¿Cómo, y tan temprano teneis atrancada la puerta? Los recatos de mi Leonarda deben de andar por aquí.

LEONARDA.

¡Ay, desdichada! Á la voz y á los golpes, mi marido Pancracio es este: algo le debe de haber sucedido, pues él se vuelve. Señores, á recogerse en la carbonera: digo al desvan, donde está el carbon. Corre, Cristina, y llévalos, que yo entretendré á Pancracio de modo que tengas lugar para todo.

ESTUDIANTE.

¡Fea noche, amargo rato, mala cena y peor amor!

CRISTINA.

¡Gentil relente, por cierto! Ea, vengan todos.

PANCRACIO.

¿Qué diablos es esto? ¿Cómo no me abrís, lirones?