¡Ay, qué bien criados, qué corteses! nunca medre yo, si todos los diablos son como estos, si no han de ser mis amigos de aquí adelante.

SACRISTAN.

Oigan, pues, para que se enamoren de veras.

(Toca el sacristan, y canta,
y ayúdale el barbero con el último verso no mas.
)

SACRISTAN.

Oigan los que poco saben

Lo que con mi lengua franca

Digo del bien que en sí tiene

BARBERO.

La Cueva de Salamanca.