Sale el Juez y otros dos con él, que son Escribano y Procurador, y siéntase en una silla. Salen el Vejete y Mariana, su mujer.

MARIANA.

Aun bien que está ya el señor juez de los divorcios sentado en la silla de su audiencia: de esta vez tengo de quedar dentro, ó fuera: de esta vegada tengo de quedar libre de pedido y alcabala, como el gavilan.

VEJETE.

Por amor de Dios, Mariana, que no almodonees[1] tanto tu negocio: habla paso, por la pasión que Dios pasó: mira que tienes atronada á toda la vecindad con tus gritos; y pues tienes delante al señor juez, con menos voces le puedes informar de tu justicia.

JUEZ.

¿Qué pendencia traeis, buena gente?

MARIANA.

Señor, divorcio, divorcio, y mas divorcio, y otras mil veces divorcio.