(Saque Roldan la cabeza de entre la estera y mirando á Beatriz, diga):

ROLDAN.

¿Silencio dijo vuestra merced? y dijo muy bien: porque el silencio fue siempre alabado de los sabios; y los sabios callan á tiempos, y hablan á tiempos; porque hay tiempos de hablar, y tiempos de callar; y quien calla otorga, y el otorgar es de escrituras; y una escritura ha menester tres testigos, y si es de testamento cerrado siete; porque...

BEATRIZ.

Porque el diablo te lleve, hombre, y quien acá te trujo. ¿Hay tan gran bellaquería? Yo vuelvo á desmayarme.

Vuelven á salir todos.

SARMIENTO.

Ya que se han hecho las amistades, quiero que vuestras mercedes beban con una caja. Hola, dad acá la cantimplora y aquella perada.

BEATRIZ.

¿Agora nos meteis en eso? ¿No veis que estamos ocupados sacudiendo estas esteras? Muestra el palo; y tú con esotro démoslas hasta que queden limpias.