Desde allí se fué á Aste, y llegó á tiempo que otro dia marchaba el tercio á Flándes. Fué muy bien recebido de su amigo el capitan, y en su compañía y camarada pasó á Flándes, y llegó á Ambéres, ciudad no ménos para maravillar que las que habia visto en Italia. Vió á Gante y á Bruselas, y vió que todo el país se disponia á tomar las armas para salir en campaña el verano siguiente.

Y habiendo cumplido con el deseo que le movió á ver lo que habia visto, determinó volverse á España y á Salamanca á acabar sus estudios; y como lo pensó lo puso luego por obra, con pesar grandísimo de su camarada, que le rogó al tiempo de despedirse le avisase de su salud, llegada y suceso. Prometióselo ansí como lo pedia, y por Francia volvió á España sin haber visto á Paris, por estar puesta en armas. En fin llegó á Salamanca, donde fué bien recebido de sus amigos, y con la comodidad que ellos le hicieron, prosiguió sus estudios hasta graduarse de licenciado en leyes.

Sucedió que en este tiempo llegó á aquella ciudad una dama de todo rumbo y manejo. Acudieron luego á la añagaza y reclamo todos los pájaros del lugar, sin quedar vademecum que no la visitase. Dijéronle á Tomas que aquella dama decia que habia estado en Italia y en Flándes, y por ver si la conocia fué á visitarla, de cuya visita y vista quedó ella enamorada de Tomas; y él sin echar de ver en ello, si no era por fuerza y llevado de otros no queria entrar en su casa. Finalmente, ella le descubrió su voluntad y le ofreció su hacienda. Pero como él atendia mas á sus libros que á otros pasatiempos, en ninguna manera respondia al gusto de la señora, la cual, viéndose desdeñada y á su parecer aborrecida, y que por medios ordinarios y comunes no podia conquistar la roca de la voluntad de Tomas, acordó de buscar otros modos á su parecer mas eficaces, y bastantes para salir con el cumplimiento de sus deseos.

Y así, aconsejada de una morisca, en un membrillo toledano dió á Tomas unos destos que llaman hechizos, creyendo que le daba cosa que le forzase la voluntad á quererla, como si hubiese en el mundo yerbas, encantos ni palabras suficientes á forzar el libre albedrío; y así, las que dan estas bebidas ó comidas amatorias se llaman benéficas, porque no es otra cosa lo que hacen sino dar veneno á quien las toma, como lo tiene mostrado la esperiencia en muchas y diversas ocasiones.

Comió en tan mal punto Tomas el membrillo, que al momento comenzó á herir de pié y de mano como si tuviera alferecía, y sin volver en sí estuvo muchas horas, al cabo de las cuales volvió como atontado, y dijo con lengua turbada y tartamuda, que un membrillo que habia comido le habia muerto, y declaró quién se lo habia dado. La justicia, que tuvo noticia del caso, fué á buscar la malhechora; pero ya ella, viendo el mal suceso, se habia puesto en cobro, y no pareció jamas.

Seis meses estuvo en la cama Tomas, en los cuales se secó y se puso, como suele decirse, en los huesos, y mostraba tener turbados todos los sentidos; y aunque le hicieron los remedios posibles, solo le sanaron la enfermedad del cuerpo, pero no la del entendimiento, porque quedó sano, y loco de la mas estraña locura que entre las locuras hasta entónces se habia visto. Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginacion, cuando alguno se llegaba á él, daba terribles voces, pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen porque le quebrarian, que real y verdaderamente él no era como los otros hombres, que todo era de vidrio de piés á cabeza.

Para sacarle desta estraña imaginacion, muchos, sin atender á sus voces y rogativas, arremetieron á él y le abrazaron, diciéndole que advirtiese y mirase cómo no se quebraba. Pero lo que se granjeaba en esto era que el pobre se echaba en el suelo, dando mil gritos y luego le tomaba un desmayo, del cual no volvia en sí en cuatro horas, y cuando volvia era renovando las plegarias y rogativas de que otra vez no llegasen. Decia que le hablasen desde léjos y le preguntasen lo que quisiesen, porque á todo les responderia con mas entendimiento, por ser hombre de vidrio y no de carne; que el vidrio por ser de materia sutil y delicada, obra por ella el alma con mas prontitud y eficacia, que no por la del cuerpo, pesada y terrestre.

Quisieron algunos esperimentar si era verdad lo que decia, y así le preguntaron muchas y difíciles cosas, á las cuales respondió espontáneamente con grandísima agudeza de ingenio, cosa que causó admiracion á los mas letrados de la universidad y á los profesores de la medicina y filosofía, viendo que en un sugeto donde se contenia tan estraordinaria locura como el pensar que fuese de vidrio, se encerrase tan grande entendimiento, que respondiese á toda pregunta con propiedad y agudeza.

Pidió Tomas le diesen alguna funda donde pusiese aquel vaso quebradizo de su cuerpo, porque al vestirse algun vestido estrecho no se quebrase; y así le dieron una ropa parda y una camisa muy ancha, que él se vistió con mucho tiento y se ciñó con una cuerda de algodon: no quiso zapatos en ninguna manera, y el órden que tuvo para que le diesen de comer sin que á él llegasen, fué poner en la punta de una vara una vasera de orinal, en la cual le ponian alguna cosa de fruta de las que la sazon del tiempo les ofrecia: carne ni pescado no lo queria; no bebia sino en fuente ó en rio, y esto con las manos: cuando andaba por las calles, iba por la mitad dellas, mirando á los tejados, temeroso no le cayese alguna teja encima y le quebrase: los veranos dormia en el campo á cielo abierto, y los inviernos se metia en algun meson, y en el pajar se enterraba hasta la garganta, diciendo que aquella era la mas propia y mas segura cama que podian tener los hombres de vidrio: cuando tronaba, temblaba como un azogado, y se salia al campo y no entraba en poblado hasta haber pasado la tempestad; tuviéronle encerrado sus amigos mucho tiempo, pero viendo que su desgracia pasaba adelante, determinaron de condescender con lo que él les pedia, que era le dejasen andar libre, y así le dejaron, y él salió por la ciudad causando admiracion y lástima á todos los que le conocian. Cercáronle luego los muchachos; pero él con la vara los detenia y les rogaba le hablasen apartados, porque no se quebrase, que por ser hombre de vidrio era muy tierno y quebradizo. Los muchachos, que son la mas traviesa generacion del mundo, á despecho de sus ruegos y voces le comenzaron á tirar trapos y aun piedras, por ver si era de vidrio como él decia; pero él daba tantas voces y hacia tales estremos, que movia á los hombres á que riñesen y castigasen á los muchachos porque no le tirasen. Mas un dia, que le fatigaron mucho, se volvió á ellos diciendo:

—¿Qué me quereis, muchachos, porfiados como moscas, sucios como chinches, atrevidos como pulgas? ¿Soy yo por ventura el monte Testacho de Roma para que me tireis tantos tiestos y tejas?