Llegó á Valladolid, donde en aquel tiempo estaba la corte; entró de noche y desembanastáronle en la casa del señor que habia enviado por él, de quien fué muy bien recebido, diciéndole:

—Sea muy bien venido el señor licenciado Vidriera: ¿cómo ha ido en el camino? ¿Cómo va de salud?

Á lo cual respondió:

—Ningun camino hay malo como se acabe, sino es el que va á la horca: de salud estoy neutral, porque están encontrados mis pulsos con mi celebro.

Otro dia, habiendo visto en muchas alcándaras muchos neblíes y otros pájaros de volatería, dijo que la caza de altanería era digna de príncipes y de grandes señores; pero que advirtiesen, que con ella echaba el gusto censo sobre el provecho á mas de dos mil por uno. La caza de liebres dijo que era muy gustosa, y mas cuando se cazaba con galgos prestados.

El caballero gustó de su locura, y dejóle salir por la ciudad debajo del amparo y guarda de un hombre que tuviese cuenta que los muchachos no le hiciesen mal, de los cuales y de toda la corte fué conocido en seis dias, y á cada paso, en cada calle y en cualquiera esquina, respondia á todas las preguntas que le hacian, entre las cuales le preguntó un estudiante si era poeta, porque le parecia que tenia ingenio para todo. Á lo cual respondió:

—Hasta ahora no he sido tan necio ni tan venturoso.

—No entiendo eso de necio y venturoso, dijo el estudiante.

Y respondió Vidriera:

—No he sido tan necio que diese en poeta malo, ni tan venturoso que haya merecido serlo bueno.