—Advierte, niño, que los azotes que los padres dan á los hijos honran, y los del verdugo afrentan.

Estando á la puerta de una iglesia, vió que entraba un labrador de los que siempre blasonan de cristianos viejos, y detras venia uno que no estaba en tan buena opinion como el primero, y el Licenciado dió grandes voces al labrador, diciendo:

—Esperad, Domingo, á que pase el sábado.

De los maestros de escuela decia que eran dichosos, pues trataban siempre con ángeles dichosísimos, si los angelitos no fueran mocosos.

Otro le preguntó, que qué le parecia de las alcahuetas. Respondió que no lo eran las apartadas, sino las vecinas.

Las nuevas de su locura y de sus respuestas y dichos, se estendieron por toda Castilla, y llegando á noticia de un príncipe ó señor que estaba en la corte, quiso enviar por él, y encargóselo á un caballero amigo suyo que estaba en Salamanca, que se lo enviase, y topándole el caballero un dia, le dijo:

—Sepa el señor licenciado Vidriera, que un gran personaje de la corte le quiere ver y envía por él.

Á lo cual respondió:

—Vuesa mercé me escuse con ese señor, que yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear.

Con todo esto, el caballero le envió á la corte, y para traerle usaron con él desta invencion: pusiéronle en unas argueñas de paja, como aquellas donde llevan el vidrio, igualando los tercios con piedras, y entre paja puestos algunos vidrios, porque se diese á entender que como vaso de vidrio le llevaban.