Á lo cual respondió:
—Díle que dé gracias á Dios por haber permitido le llevasen de casa á su enemigo.
—Luego ¿no irá á buscarla? dijo el otro.
—Ni por pienso, replicó Vidriera, porque seria el hallarla hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra.
—Ya que eso sea así, dijo el mismo, ¿qué haré yo para tener paz con mi mujer?
Respondióle:
—Dále lo que hubiere menester; déjala que mande á todos los de tu casa, pero no sufras que ella te mande á tí.
Díjole un muchacho:
—Señor licenciado Vidriera, yo me quiero desgarrar de mi padre, porque me azota muchas veces.
Y respondióle: