At sacri vates, et Divum cura vocamur.
Esto se dice de los buenos poetas; que de los malos, de los churrulleros, ¿qué se ha de decir sino que son la idiotez y la ignorancia del mundo?
Y añadió mas:
—¿Qué es ver á un poeta destos de la primera impresion, cuando quiere decir un soneto á otros que le rodean, las salvas que les hace, diciendo: vuesas mercedes escuchen un sonetillo que anoche á cierta ocasion hice, que á mi parecer, aunque no vale nada, tiene un no sé qué de bonito? Y en esto tuerce los labios, pone en arco las cejas, se rasca la faldriquera, y de entre otros mil papeles mugrientos y medio rotos, donde queda otro millar de sonetos, saca el que quiere relatar, y al fin le dice con tono melífluo y alfeñicado: si acaso los que le escuchan, de socarrones ó de ignorantes no se le alaban, dice: ó vuesas mercedes no han entendido el soneto, ó yo no le he sabido decir, y así será bien recitarle otra vez, y que vuesas mercedes le presten mas atencion, porque en verdad en verdad que el soneto lo merece; y vuelve como primero á recitarle con nuevos ademanes y nuevas pausas. Pues ¿qué es verlos censurar los unos á los otros? ¿qué diré del ladrar que hacen los cachorros y modernos á los mastinazos antiguos y graves? y ¿qué de los que murmuran de algunos ilustres y escelentes sujetos, donde resplandece la verdadera luz de la poesía, que tomándola por alivio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones, muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos, á despecho y pesar del circunspecto ignorante, que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende? ¿y del que quiere que se estime y tenga en precio la necedad que se sienta debajo de doseles, y la ignorancia que se arrima á los sitiales?
Otra vez le preguntaron qué era la causa de que los poetas por la mayor parte eran pobres. Respondió que porque ellos querian, pues estaba en su mano ser ricos, si se sabian aprovechar de la ocasion que por momentos traian entre las manos, que eran las de sus damas, que todas eran riquísimas en estremo, pues tenian los cabellos de oro, la frente de plata bruñida, los ojos de verdes esmeraldas, los dientes de marfil, los labios de coral, y la garganta de cristal trasparente, y que lo que lloraban eran líquidas perlas, y mas que lo que sus plantas pisaban, por dura y estéril tierra que fuese, al momento producia jazmines y rosas, que su aliento era de puro ámbar, almizcle y algalia; y que todas estas cosas eran señales y muestras de su mucha riqueza. Estas y otras cosas decia de los malos poetas; que de los buenos siempre dijo bien, y los levantó sobre el cuerno de la luna.
Vió un dia en la acera de San Francisco unas figuras pintadas de mala mano, y dijo que los buenos pintores imitaban la naturaleza, pero que los malos la vomitaban.
Arrimóse un dia, con grandísimo tiento porque no se quebrase, á la tienda de un librero, y díjole:
—Este oficio me contentara mucho, si no fuera por una falta que tiene.
Preguntóle el librero se la dijese. Respondióle:
—Los melindres que hacen, cuando compran el privilegio de un libro, y la burla que hacen á su autor si acaso le imprime á su costa, pues en lugar de mil quinientos imprimen tres mil libros, y cuando el autor piensa que se venden los suyos se despachan los ajenos.