Acaeció este mismo dia que pasaron por la plaza seis azotados, y diciendo el pregon: Al primero por ladron; dió grandes voces á los que estaban delante dél, diciéndoles:
—Apartáos, hermanos, no comience aquella cuenta por alguno de vosotros.
Y cuando el pregonero llegó á decir: al trasero, dijo:
—Aquel por ventura debe ser el fiador de los muchachos.
Un muchacho le dijo:
—Hermano Vidriera, mañana sacan á azotar á una alcahueta.
Respondióle:
—Si dijeras que sacaban á azotar á un alcahuete, entendiera que sacaban á azotar un coche.
Hallóse allí uno destos que llevan sillas de manos, y díjole:
—De nosotros, Licenciado, ¿no teneis qué decir?